La realidad hondureña es una mezcla a veces armónica y otras, anárquica, convulsa en temas económicos, políticos y sociales. Asimismo, es una interacción de procesos internos y externos. Para no ir muy lejos, en el pasado proceso electoral del 30 de noviembre se produjo una intrincada vinculación entre la preferencia de los votantes, las remesas, las instituciones electorales, los resultados de los comicios y la interpretación de los hechos.
Entendido es que la realidad comprende lo objetivo y lo subjetivo, en un contexto total (ontológico y holístico) donde se combinan dinámicamente lo físico y lo no físico.
Entonces, podemos decir que existe una relación entre hechos como las remesas, la defensa de la soberanía y la actitud de las personas frente a un proceso comicial. Pero, las vinculaciones e interacciones van mucho más allá de esos factores concretos y también, con una dinámica muy diferente a la visión caprichosa que vierten algunos personajes y grupos políticos, en este caso, de parte de la facción que estando en el poder, perdió las elecciones en forma aplastante.
Carece de sentido común y base científica la afirmación de que la opinión injerencista del actual presidente de los Estados Unidos en el sentido de explicitar su apoyo a uno de los candidatos presidenciales fue el factor determinante en los resultados electorales. En realidad, las tendencias fundamentales de los votantes estaban ya marcadas desde semanas antes al mensaje en las redes del presidente Trump. Ya se respiraba un ambiente de rechazo al partido gobernante que fue claro triunfante en el 2021. Solamente la cúpula en el poder se negaba a ver la marejada en su contra.
Debemos estar claros en que la principal razón de la derrota electoral de Libre fue la mala gestión gubernamental claramente percibida y constatada por la mayoría de la población desde sus primeros meses en el poder. Para muchos, las señales se percibieron desde la instalación de la junta directiva del Congreso, actos bochornosos que daban la pauta de que se continuaría con las violaciones a la Constitución, las imposiciones y la falta de voluntad para rectificar el camino que la mayoría de los votantes rechazaron inclinando la balanza en noviembre de 2021.
Luego, ya en el ejercicio de la administración pública, la improvisación, el derroche y la falta de atención a las prioridades del país nunca pudieron ser escondidas en el harto pretexto de los “12 años 7 meses” y otras cansadoras frases de inexpertos burócratas con ínfulas de “intelectuales”, fueron labrando la estaca donde la candidata oficialista y sus allegados recibieron el “golpe electoral”, como le llaman al claro rechazo en las urnas, aun con las imperfecciones y maniobras en las debilidades tripartidistas de las instituciones electorales.
Sencillamente, es un absurdo que los mensajes de Trump -aunque violatorios a decisiones internas- hayan cambiado sustancialmente las preferencias de los electores. Menos cierto todavía, que al no obedecer los mandatos foráneos, los centenares de miles de hogares receptores de remesas, iban a dejar de recibir los US$1.4 millones por hora que la economía hondureña recibe gracias a la resiliencia de los migrantes que por malos gobiernos han tenido que huir para sostener a sus familias.
Entre la mezcla “mágica” de la realidad, la soberanía se defiende haciendo buen gobierno, sin mentiras, con buenos candidatos y dejando al pueblo votar con libertad, trabajando para que la democracia supere la simple formalidad