Reglamentos técnicos: ¿armas o herramientas?

“Establecemos reglas para los demás y excepciones para nosotros...”: François de La Rochefoucauld, Escritor y Filósofo francés

  • Actualizado: 04 de junio de 2026 a las 00:00

“Establecemos reglas para los demás y excepciones para nosotros...”: François de La Rochefoucauld, Escritor y Filósofo francés. 1613-1680.La sana competencia en cualquier campo es buena. Nos obliga a la mejora constante, a la innovación, a la autocrítica, a la diferenciación, a la creatividad, a abandonar los discursos vacíos y la autojustificación.

Esto aplica a personas, grupos, empresas o países. En una sociedad de libre mercado cuando no existe la competencia surgen los monopolios, los duopolios y los oligopolios que generalmente dictan las reglas, se reparten territorios, establecen las condiciones, la calidad y el precio. En una sociedad civilizada debe promoverse la entrada de la sana competencia para que la población se vea beneficiada por las dinámicas que se desarrollan entre los que compiten.

Artículo 19 Honduras ha sido parte de muchos cursos y talleres sobre reglamentación técnica y normalización. Conocemos perfectamente lo que significan las buenas prácticas de reglamentación técnica y siempre abogaremos porque la reglamentación sirva para resolver un problema específico. Si no se ha identificado un problema real, entonces no es necesaria la reglamentación. También ha de ser tenida muy en cuenta la evaluación del impacto regulatorio y asegurarse de que los impactos positivos (económicos, ambientales o sociales derivados de la implementación de la reglamentación técnica) superen a los negativos.

Sabemos que hay empresarios codiciosos que intervienen en la creación de reglamentos técnicos para dificultar la participación de otros en el comercio y desarrollo de un país. Sabemos que, desde sus posiciones políticas o económicas -o ambas- pueden “blindar” su ventaja o privilegios en el mercado. Sabemos que muchos de estos empresarios o representantes de grupos económicos invierten tiempo y mucho dinero para asegurar curules en el Congreso o en el Ejecutivo y desde ahí proteger sus malintencionados y egocéntricos intereses económicos.

Por eso es muy importante que el organismo que elabora los reglamentos técnicos sea enteramente capaz de interpretar intenciones y tamizarlas con los filtros adecuados para evitar situaciones que puedan poner en precario la credibilidad o ponernos frente a un tribunal de justicia internacional.La reglamentación técnica puede ser utilizada como arma y puede llegar a ser muy peligrosa si quien la esgrime es el Gobierno como proteccionismo encubierto a esos grupos que las promovieron para beneficiarse a costa de los consumidores o usuarios finales.

La reglamentación técnica como herramienta ayuda a armonizar aspectos como la composición, el etiquetado, seguridad, eficiencia, medidas sanitarias y otras que, si bien es cierto son de carácter obligatorio, ayudan al desarrollo de la globalización comercial sana y con reglas claras. El problema surge cuando esos requisitos se diseñan de manera excesiva, discriminatoria e innecesariamente compleja o, como decimos en Honduras, “con dedicatoria”. Establecer requisitos difíciles de cumplir para unos y excepciones para otros es utilizar la reglamentación técnica como arma. Esto no beneficia a los consumidores y usuarios. Promover el libre mercado sin barreras y con reglamentos que resuelve problemas reales y beneficia a los consumidores y usuarios, facilitando el intercambio de productos y servicios, es utilizarla como herramienta.

¡Destruyamos las armas, levantemos las herramientas!

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