Honduras sigue requiriendo una política económica coherente que conduzca al país a mejores niveles de vida para la mayor cantidad posible de su población presente y futura. No se exige, ni menos se necesita, que él o los gobiernos se matriculen con un “enfoque o modelo” en particular.
Es suficiente trabajar seriamente con una política “estándar” que cumpla con los objetivos esenciales o puros de un programa de política económica que gestione los campos fundamentales de la economía, de la sociedad y del ambiente.
En otras palabras, un gobierno que administre decentemente los recursos promoviendo los sectores prioritarios con pragmatismo, con administración robusta, eficaz y eficientemente, sin dogmas ideológicos irrealistas que impiden ver la realidad y lleven a errores graves.
Al recién iniciado gobierno encabezado por Asfura no se le debe empujar a aplicar políticas económicas neoliberales. Ya hemos tenido suficiente evidencia histórica de que no resuelven apropiadamente las carencias y los déficits. De manera similar, los que encabezaron el recién pasado gobierno del partido Libre, nunca debieron creer a pie juntillas que el socialismo a “su estilo” iba a ser eficaz.
Cuando lograron su enorme victoria electoral en 2021, nunca se les “exigió” un programa económico de corte izquierdista. Sencillamente se requería de ellos un gobierno decente, racional, buen administrador que mejorara realmente la inversión pública productiva y promoviera la actividad de la iniciativa privada desde la micro, mediana hasta la gran empresa.
En realidad, no se trata de que ninguna de estas administraciones se embarquen con modelos de política económica ortodoxa de un tipo exclusivo. No todo lo debe hacer el Estado ni tampoco lo esencial lo puede hacer el mercado. Se necesita articular inteligentemente ambos campos de trabajo.
Lo que se requiere es un gobierno decente, que dé ejemplo de verdadera racionalidad en los gastos, que aplique una política económica universal que atienda los cinco objetivos puros o esenciales de la política económica. ¿Cuáles son esos? 1. Crecimiento económico; 2. Pleno empleo; 3. Estabilidad de precios; 4. Equilibrio en la balanza de pagos y; 5. Distribución del ingreso y la riqueza.
Parece tan básico, pero, podríamos afirmar que prácticamente todas las administraciones que han pasado en los últimos años se olvidaron o, no les interesó, aplicar a fondo este guion básico y universal. De haberlo hecho, de ninguna manera afirmamos que hubiesen resuelto en un santiamén los problemas del país en cuatro años, nada de eso.
Pero de haber aplicado ese guion básico, seguro se habrían subido escalones en crecimiento y desarrollo y, al final de cada gobierno, hubiesen entregado a sus sucesores y al país una situación mejor que la que recibieron cuando tomaron posesión.
En Honduras, pareciera que cada nueva administración se “afana” en dejar una situación igual o -casi siempre- peor que la que recibieron. Urge aplicar normas obligatorias para que las transiciones entre administraciones sean claras y ordenadas, de lo contrario, procesar legalmente a los infractores.
Nuestras instituciones contraloras y fiscalizadores deben liderar esa tarea y el Poder Legislativo, pulir y legitimar esas propuestas. Los partidos políticos deben incorporarlos en sus leyes y reglamentos como parte de sus deberes estatutarios.
Los ciudadanos en general, más allá de las simpatías partidistas, debemos exigir que los gobernantes, los gabinetes y las instituciones cumplan con los objetivos puros de la política económica.