Más no es mejor

"Honduras paga un precio obsceno por un Congreso ineficiente: 128 diputados, millones en viáticos y solo un 19% de producción. ¿Es hora de reducirlo?"

  • Actualizado: 05 de febrero de 2026 a las 00:00

Es más ruido, pero no necesariamente mejores resultados, más cumplimiento, más orden, más eficacia. Es solo volumen inerte.

El número de diputados del Congreso Nacional de Honduras fue establecido en 128 desde las elecciones de 1989. Antes de esa fecha, el Congreso tenía diferente cantidad de diputados: en 1982, al retorno a la democracia, eran 82; luego se aumentó a 134 para las elecciones de 1985 y finalmente se redujo a 128 para las elecciones nacionales de 1989, manteniéndose desde entonces en ese número. No fue una decisión política sino una reforma constitucional.

Según el Índice Latinoamericano de Transparencia Legislativa, que mide aspectos como transparencia, gestión y acceso a información, los congresos de República Dominicana, Bolivia y Honduras aparecen entre los peor evaluados.

A nivel centroamericano, Honduras ocupa el segundo lugar con mayor número de diputados, solo rebasado por Guatemala con 160. Los demás oscilan entre 57 y 92.

128 diputados en este país es un número indignante ante sus resultados. El problema real es no solo el número, sino cómo llegan, qué calidad tienen, y a quién sirven.

Según la Asociación para una Sociedad Más Justa y el capítulo hondureño de Transparencia Internacional, el Congreso Nacional ejecutó L 5942 millones entre enero de 2022 y septiembre de 2025. De estos, 1,724 millones de lempiras fueron destinados a salarios, 627 millones de lempiras en viáticos, 785 millones de lempiras en subvenciones y 2,850 millones de lempiras en gasto social (¿?).

Con todo este derroche, solo cumplieron un 35% de las sesiones que establece la ley. Es decir, 31 días al año de 104 posibles y nunca estuvieron presentes la totalidad de los diputados propietarios.

En términos de producción legislativa fue de apenas de 19% entre 2021-2024.

Sí. Más no es mejor. En el Legislativo solo es ruido. Pero cómo duele el obsceno precio de esta ineficiencia. Una empresa privada con esos números ya hubiera cerrado. Si la promesa es disminuir el gasto público, por allí debe empezarse.

Fuera de la política, existe una Honduras de carne y hueso. Que se despierta todos los días agobiada por solo el hecho de vivir. Sale a trabajar y no sabe si regresará. Le angustia el futuro. No sabe si podrá cumplir a su familia. Se asfixia de desesperación.

Pero cada cuatro años tiene la esperanza que los que llegan le cumplan lo que prometieron.

Por favor, no nos defrauden esta vez. El pueblo ya no aguanta tanta malgobernanza.

¿Y los tres designados presidenciales?

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