Siempre se está a la espera de que las instituciones estatales gestionen los recursos humanos idóneos, eficaces, y den los resultados de acuerdo con las funciones establecidas; se espera que con los honorarios que mensualmente reciben por su labor bien hecha será suficiente para tener una vida digna; aunque esto no siempre es posible porque hay jóvenes que ni estudian ni trabajan y están a la espera de oportunidades.
Vivimos en un país con extrema pobreza y con graves problemas de violencia, y si no se hacen las provisiones necesarias para el abordaje de los factores estructurales de la violencia no se logrará reducir las muertes violentas que en la actualidad se mantiene en un promedio de 14 homicidios diarios.
Lo que sigue es desarrollar estrategias para reducir la pobreza, mejorar la educación, la salud, que la gente cuente con servicios básicos satisfechos y evitar que más niños, niñas y jóvenes migren hacia los Estados Unidos. Hasta ahora la oferta a los jóvenes es entre otras cosas una mala calidad de la educación, servicios de salud precarios (muchos prefieren visitar médicos privados porque todavía la seguridad social no es respuesta), empleos indignos, pagos que no llegan al salario mínimo. Y es que no hay de otras, estos trabajos son aceptados porque es mejor llevar algo a la casa o el dinero les ayuda a seguir estudiando. La receta no solo es más leyes, ni más fuerzas del orden en las calles y culpando a los jóvenes de la violencia que impera.
No se vale que se presten o los utilicen en empleos de atención al cliente, dando información a la gente como si fuera la primera vez que visitan esa institución o en los hospitales ayudando a hacer fila a los enfermos, cuando saben que no hay medicamentos.
Todos coincidimos en que se debe fortalecer el Estado, solo así se tendrán instituciones que den resultado, con acceso a la justicia, el combate a la corrupción que afecta a los pobres y la impunidad; sin olvidar el respeto a los derechos humanos. Esta Honduras se construye con la dignidad de cada uno de nosotros y el trabajo bien hecho.
*Directora de los Observatorios contra la Violencia de la UNAH