Entre los desaciertos del Gobierno, que en pocos meses lo rebajaron a una insólita impopularidad, lo que se nota desde afuera, lógicamente, son las deplorables relaciones internacionales, que lo exhiben como sumiso y entreguista; más atento de complacer a sus compinches extranjeros que los graves problemas nacionales.
Antes de las elecciones supimos de reuniones conspirativas entre nacionalistas y liberales con políticos radicales de extrema derecha -enemigos de los inmigrantes- en los Estados Unidos, quienes los apoyaron para quedarse con el poder y ahora pasan la factura.
Inició “Tito” Asfura echando a los médicos cubanos y el cierre de las clínicas oftalmológicas, sin importar que miles de hondureños -que nunca habían tenido este servicio- quedaran desatendidos; el afán era agradar a Marco Rubio y sus secuaces Elvira Salazar y Carlos Giménez, extremistas de Miami.
Luego, el penoso viaje a Israel para abrazar a Benjamín Netanyahu, acusado por la ONU por el genocidio en Gaza, donde el 30 por ciento de los muertos son niños. Cualquiera hubiese entendido que por sus orígenes Asfura se mantuviera comedido. Sumemos que muchos de nuestros compatriotas son de ascendencia palestina, judía, árabe, siria o libanesa que merecen respeto.
Para rematar, se fue a Ucrania -que solo visitan dirigentes europeos por sus negocios-, y celebró al desprestigiado Zelenski, que hasta Donald Trump le tiene tirria y Polonia le retiró una medalla por su apología al nazismo. Asfura buscaba una supuesta ayuda tecnológica es un país destruido por la guerra, cuando pudo pedirla a cooperantes habituales como Corea del Sur o Japón.
Está visto que las relaciones internacionales no son el fuerte de Asfura y la geopolítica no está al alcance de Tomás Zambrano, otro subordinado de Miami. Tampoco creemos que venga de Cancillería, donde sí tienen gente estudiosa y capacitada. Más bien, es agenda de ciertos personajes que frecuentan Casa Presidencial y el Congreso Nacional con sus asuntos oscuros.La diplomacia multivectorial -de la que quizás no han oído hablar Asfura ni Zambrano- podría darnos el equilibrio que más nos conviene, como lo hace Kazajistán, por ejemplo, un país del que tampoco sabrán los señores, pero aplica una audaz estrategia para navegar entre los intereses de las potencias, sin comprometerse exclusivamente con ninguna.
Luego de la disolución soviética, el gobierno kazajo tiene la influencia de Rusia, pero diversifica sus relaciones comerciales con China, Europa, Estados Unidos y el resto de Eurasia, sin exclusividad con ninguno. Algo parecido hacen Vietnam, Singapur y Brasil.
No sabemos los compromisos del Gobierno con los radicales estadounidenses, pero si el interés fuera Honduras, deberían aprovechar la extraordinaria oportunidad con China o India, sin descuidar las relaciones con Estados Unidos o Europa. ¡Más ingenio y pragmatismo, señores! Que el país es de todos.