En medio de toda la euforia mundialista de este mes, me han aparecido algunos videos de México sobre ciertas vallas que se han colocado en diferentes calles y que contienen publicidad relacionada con el Mundial. Sin embargo, es evidente que han sido instaladas con la intención de ocultar algunos de los lugares más vulnerables de esa nación, situación que ha generado bastante polémica tanto en los medios de comunicación como en las redes sociales.
Es un hecho que lo que causa indignación es el intento de ocultar la realidad de la desigualdad social que existe en México, una desigualdad que también está presente en Honduras y en gran parte de América Latina. Tristemente, es una realidad que no puede esconderse con vallas ni con datos estadísticos, como muchas veces buscan hacerlo los gobiernos. La mejor forma de combatir esa situación es enfrentando la corrupción y el crimen organizado, promoviendo una competencia justa entre los ciudadanos, fortaleciendo la justicia social y garantizando el acceso digno a la salud, la educación y la vivienda. Mientras muchos políticos intentan tapar el sol con un dedo, la población trata de sobrevivir, y es ahí donde comienza la desconexión entre las autoridades y los ciudadanos.
Recientemente observaba al gobernador de Nuevo León decir que no todo es trabajar en la vida y que, durante este mes, él se encontraba en “modo fiesta” para celebrar el Mundial. Tristemente, muchos mexicanos, si no trabajan, no comen. Pagar un boleto para asistir a uno de esos partidos está fuera del alcance de una gran parte de los mexicanos y de muchos latinoamericanos. Además, ahora existe una brecha adicional: incluso para ver esos partidos por televisión o desde un teléfono celular, es necesario pagar la suscripción a alguna plataforma digital.
El comercio es el comercio, pero hay pocas cosas más desiguales que tratar a todos por igual y asumir que los ciudadanos viven en las mismas condiciones que las autoridades. Eso simplemente no es cierto. Los ciudadanos de a pie trabajan diez veces más que cualquier político y ganan cien veces menos. No tienen tiempo para poner excusas en sus trabajos como suelen hacerlo muchos políticos; si no dan resultados, son despedidos.
Nuestras sociedades comenzarán a crecer y avanzar cuando seamos sinceros, reconozcamos la realidad que enfrentamos y aprendamos a ofrecer soluciones integrales. No se trata de disfrazar la pobreza ni de maquillar la realidad, porque eso es mentir, y de mentiras estamos hartos. La brecha social continúa ampliándose: los pobres son cada vez más y, en muchos casos, más pobres; mientras tanto, la riqueza se concentra en menos manos. No me opongo a las personas que han logrado acumular riqueza, en absoluto. Lo que cuestiono es el papel de los Estados cuando, en lugar de buscar reducir esa brecha social, impulsan políticas que terminan favoreciendo a los sectores ya privilegiados y dejando aún más desprotegidas a las clases menos favorecidas.