Recientemente, la artista internacional de nacionalidad colombiana, Shakira, instaló una serie de 5 conciertos en la ciudad de San Salvador, El Salvador, precisamente en el Estadio Nacional Jorge "el Mágico" González, los que llenó completamente, y no solo de hermanos salvadoreños, sino de muchas personas de Latinoamérica, pero principalmente de la región centroamericana.
Realmente, montar una serie de conciertos con fechas tan seguidas en una ciudad de Centroamérica es un proyecto ambicioso, ya que no es algo frecuente en nuestra región, y saber que esto resultó ser un éxito total no solo para Shakira y su equipo, sino para los salvadoreños, que pudieron posicionar sus lugares turísticos, sus hoteles, restaurantes y, sobre todo, la nueva versión de esta nación.
Personalmente, he visitado El Salvador varias veces, y cada vez que he ido he apreciado cambios sustanciales. Por ahora no solo me llama la atención la seguridad y el poder caminar por sus calles en plena libertad. Sin temor de ser robado, sino que también se aprecia una visión estratégica de posicionamiento turístico y una versión diferente de lo que entendemos como público.
Muchos de los lugares más visitados son los públicos, y es curioso apreciar que lo han hecho funcionar de manera digna: una Biblioteca Nacional pensada para personas de todas las edades, incluso, con área para niños neuro divergentes, con un área sensorial especializada; un mercado inmenso y hermoso; parques amplios y limpios. Cuando me refiero a esta versión de lo público es una versión competitiva y eficiente, no como solemos entenderlos naturalmente, como algo relativamente por salir del paso, sin importar las condiciones para sus usuarios.
Cuando un Estado prioriza áreas críticas, y se enfoca en ello completamente, genera cambios sustanciales. Estoy claro que El Salvador no es Suiza, que tiene retos considerables, pero también estoy claro que está mejor que nosotros. En Honduras ciertas estructuras -no solo criminales sino económicas y políticas- tienen secuestrado lo público, manipulan el poder a su antojo, primero buscan cubrir sus necesidades y, posteriormente, lo que sobra, le queda al pueblo hondureño.
El Salvador no tiene la riqueza natural que nosotros como país tenemos, tampoco tiene hermosas Ruinas Mayas como las nuestras, pero tiene algo que nosotros no, una visión diferente de lo público, y eso cambia todo el panorama. ¿De qué sirven hermosas playas, hermosos ríos, sitios históricos si las condiciones en materia de seguridad e infraestructura no son las mejores? No sirve de nada.
Es apremiante atender los problemas de seguridad en Honduras; es importante promover nuestra riqueza natural para atraer inversión, turismo y desarrollo, esos son los temas que deberíamos estar discutiendo, no estar peleando si los diputados deben ir de gorra o no al hemiciclo legislativo.
Cuando un gobierno no atiende los principales problemas de una nación se vuelve cómplice.