La pieza olvidada de la “Troika de la tiranía”

La troika es un conjunto de tres piezas y, en el caso de la troika a la que me refiero, se trata de tres países con un común denominador: la dictadura. Los pueblos y la democracia de Venezuela, Cuba y Nicaragua han sufrido por el peso de la bota militar por igual, pero reciben un trato diferenciado de Washington y Donald Trump

  • Actualizado: 15 de mayo de 2026 a las 12:08

En los últimos días la atención global se ha centrado en la visita respetuosa y hasta armoniosa de Donald Trump a Xi Jinping, sin duda, los presidentes de las principales potencias mundiales en materia militar y económica. Si bien Estados Unidos y China tienen profundas diferencias y son rivales geopolíticos, se les vio a ambos sonrientes y hasta condescendientes en su trato.

Poco se ha conocido de los detalles, temas y tono de los encuentros entre ambos líderes mundiales, pero no hay que ser ningún genio o adivino para saber que buena parte de la agenda se dedicó a temas de interés geopolítico, particularmente Taiwán e Irán –en especial el estrecho de Ormuz–, pero también Cuba, una pieza sobre la cual ambos tienen interés particular, aunque con distinto visiones totalmente distanciadas.

Trump ha demostrado este año que es capaz de mantener activos distinto escenarios y que es una especie de jugador de ajedrez que gusta de disputar partidas simultáneas –hasta guerras u operaciones militares–, aunque pocos reconocen que tenga una mentalidad estratégica, sino que más bien responde a sus impulsos en la toma de decisiones.

El 3 de enero, cuando el mundo y particularmente Latinoamérica apenas salía de la resaca de las celebraciones del Año Nuevo, Trump lanzó un ataque militar quirúrgico al que llamó “Operación solución absoluta”, con la captura del dictador Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores como trofeos, para presentarlos al mundo como antidemocráticos y narcotraficantes.

Pronto quedó claro que el interés primordial no era restablecer la democracia en un país que tenía más de un cuarto de siglo bajo el régimen chavista, más bien, la intención siempre fue la de poner un régimen títere –que terminó siendo el de Delcy Rodríguez, supuestamente chavista de cepa–, para que Estados Unidos tuviera acceso a las gigantescas reservas petroleras de esa nación sudamericana.

Después de cinco meses, la oposición venezolana, que luchó y logró crecer en su lucha contra Hugo Chávez y Maduro, se muestra frustrada por la falta de una apertura política que permita al pueblo retomar la vía democrática que se rompió a finales del siglo XX. No hay duda entonces que la acción estadounidense respondió a intereses económicos más que a la defensa de principios democráticos.

Para ese entonces, la marina de Estados Unidos ya había impuesto un riguroso control sobre el mar Caribe para controlar el narcotráfico, pero también para crear un cerco energético en torno a Cuba, al tiempo que se ordenaba Delcy Rodríguez que suspendiera cualquier apoyo de petróleo para la isla, otra dictadura parte de la troika de regímenes autocráticos de izquierda radical en la región.

Lo que ha seguido es una clara determinación de Trump paraprovocar un cambio en la isla y terminar con el castrismo, pero, otra vez, no se trata de restablecer la democracia, sino más bien de doblegar al gobierno de Miguel Díaz-Canel, a quien le gustaría ver como auténtico “perro faldero”, al mejor estilo de lo que se ha visto con Decy Rodríguez. En realidad, vemos que se quiere hacer algo parecido a Venezuela, solamente que sustituyendo la acción militar por una “diplomacia” con buen mazo económico.

Mientras Trump hablaba con Xi en Pekin, llegaba a La Habana John Ratcliffe, el poderoso director de la Agencia Central de Inteligencia, la conocida CIA, con amplia experiencia en derrocar gobierno en América Latina. Obviamente su visión tras la reunión que sostuvo con el ministro de Gobernación del régimen será lo que marque las futuras acciones contra el gobierno, todavía de un corte claramente castrista.

Entonces se ve que la troika de la tiranía está bajo la lupa de la Casa Blanca, pero cabe preguntarse: ¿qué pasa con la dictadura de Ortega-Murillo que lleva 19 años aplastando al pueblo nicaragüense en sus libertades? ¿Por qué ni siquiera hay menciones importantes sobre Nicaragua en las siempre explosivas declaraciones de Trump contra los regímenes de izquierda?Me parece que la respuesta tiene que ver con la poca importancia que ese país tiene para la política exterior de Washington, pero también a que no existe algo que incomode o afecte a los intereses estadounidenses. Tengo entendido que Ortega ha detenido el tráfico de personas –migrantes– del sur hacia el norte, curiosamente no toca intereses de grandes capitales o se asocia con ellos y, en definitiva, es un “patio trasero” seguro que no lo causa incomodidad al poderoso inquilino de la Casa Blanca.

El tema va más allá de la ideología y de la democracia. Tiene que ver más con los intereses económicos (Venezuela) y la coyuntura geopolítica (Cuba). Marco Rubio se vería complacido con que Diaz Canel abriera las puertas a la inversión extranjera. No se trata de restablecer libertades, se trata de obtener frutos económicos y políticos.

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