La odisea de Manuel

Al empezar este año Manuel me llamó para decirme que la bomba requería mantenimiento. Yo le respondí que no era necesario

  • Actualizado: 13 de agosto de 2026 a las 00:00

Llamé a Manuel el domingo para que revisara la bomba de la cisterna porque el agua salía a empujones. Quedamos que llegaría el lunes a las nueve de la mañana, pero llegó 30 minutos después. Había conocido a Manuel desde antes de la pandemia del covid-19. Me dijo que había quedado viudo, con dos hijos menores que mantener. Pensé lo atípico que era su situación, generalmente son las mujeres las que quedan solas con niños que cuidar. Le ayudé en su momento, pero no quise ser demasiado generoso para no hacerle pensar que iba a poder todo el tiempo. Al empezar este año Manuel me llamó para decirme que la bomba requería mantenimiento. Yo le respondí que no era necesario.

En esta nueva visita que sí era necesaria, Manuel me explicó que una pieza de la bomba se había “picado”. Manuel me dio dos opciones donde vendían la pieza; yo le dije: “usted escoja, usted es el experto”. Me ofreció el establecimiento más barato, y en el instante acepté y le dije que fuera por la pieza en su motocicleta. Manuel me contestó que no andaba en moto, porque se le había dañado y ocupaba comprar una nueva. Ahí fue cuando empecé a conocer la odisea que vive Manuel, para quien la pobreza convierte lo cotidiano en precariedad.

Nos fuimos en mi carro con aire acondicionado, insonorizado y polarizado: un mundo ajeno al de Manuel. Cuando íbamos por el puente a desnivel que está por el Mall Multiplaza, Manuel rompió el silencio y expresó: “No veo cambios con el nuevo gobierno”. Ya que quería hablar, le pregunté: “¿dónde vive?”. Me contó que por la salida al norte. Entonces le pregunté sobre las maras; me dijo que por su zona las cosas se habían calmado. “¿Y eso?”, le pregunté. Me respondió: “porque ahora solo la MS opera “.

Lo que sí me dijo que estaba “jodido” es el agua. “¿Y eso?”, insistí. “Pues, porque no le llega agua y tiene que comprarla”, me aclaró. Pensé para mis adentros: “A pesar de que estamos en invierno”.

Al preguntarle cuánto le costaba el agua, me contó que un barril le cuesta 400 lempiras y que le dura unos tres días, por eso tiene que recolectar agua de la lluvia. Manuel en una semana se le pueden ir unos 800 lempiras en agua. Cuando regresé a casa le conté la historia a mi esposa, sorprendido con el gasto que debe hacer, sumado a que no tiene moto para transportarse a los trabajos que le salen. Al preguntarle a mi esposa cuánto se pagaba de agua al mes en la casa, me respondió que unos mil lempiras.

Los economistas Abhijit Banerjee y Esther Duflo -ambos premios Nobel por su trabajo sobre la pobreza- documentaron algo que Manuel vive a diario: ser pobre no es solo tener menos dinero, es cargar con muchas cosas que a mucho nos llegan resueltas. Ochocientos lempiras semanales para Manuel. Mil lempiras mensuales para mi casa. Realmente soy privilegiado: no solo tengo agua todo el día, ni siquiera sé cuánto debo pagar por ella. Buscaré cómo ayudarle a Manuel a comprar una moto usada.

Te gustó este artículo, compártelo
Últimas Noticias