Lo que vivimos actualmente como sociedad y como planeta parece explicarse, en parte, por una involución del ser humano en aspectos fundamentales de la vida. Uno de ellos es la forma en que entendemos y ejercemos la política.
Existen personas completamente desinteresadas en los asuntos públicos; otras muestran interés, pero únicamente desde la conveniencia personal. También hay políticos que, lejos de representar lo mejor de la sociedad, terminan reflejando muchas de sus peores prácticas.
Mientras un maestro imparte clases en condiciones precarias y en centros educativos unidocentes, hay diputados que ni siquiera sesionan y perciben salarios muy superiores a los de un médico, un bombero o un docente.
De igual manera, mientras un doctor realiza extensas jornadas en las salas de emergencia de hospitales públicos y enfrenta retrasos de meses en sus pagos, algunos diputados reciben bonos de hasta 100,000 lempiras. Este tipo de situaciones muchas veces permanece oculto entre acuerdos políticos que rara vez salen a la luz pública.
A pesar de ello, como sociedad seguimos premiando la superficialidad y la inmediatez. Muchos hondureños talentosos viven en condiciones difíciles, mientras artistas, deportistas y personas con grandes capacidades deben dedicarse a otros oficios debido a la falta de oportunidades.
En redes sociales suele prevalecer el contenido basado en el morbo, el escándalo o el entretenimiento inmediato. Esa dinámica también contribuye al deterioro de la calidad del liderazgo político y del debate público.
Aunque el tema pueda parecer repetitivo, es necesario insistir en la importancia de formar a las nuevas generaciones con valores cívicos y conciencia social. Gran parte de la niñez y adolescencia está creciendo bajo la influencia constante de las redes sociales, lo que también impacta en la formación académica y profesional.
La inteligencia artificial y otras tecnologías han hecho más eficientes nuestros dispositivos, pero también plantean nuevos desafíos sobre el uso responsable de la información, el pensamiento crítico y la educación.
Quizá estas reflexiones puedan parecer duras, pero responden a una percepción compartida por muchos ciudadanos. La transformación social requiere un trabajo profundo desde el hogar, fortaleciendo valores, responsabilidad ciudadana e interés por los asuntos públicos.
En China existe un concepto conocido como “paciencia estratégica”, entendido como la capacidad de trabajar con visión de largo plazo. Como sociedad, Honduras necesita desarrollar esa capacidad para construir mejores ciudadanos y un futuro más sólido.