La IED: ni panacea ni demonio

"La IED no es ni la panacea que ‘salvará’ a la nación ni tampoco es el ‘demonio’ que necesariamente dañará la riqueza y el desarrollo nacional"

  • Actualizado: 18 de febrero de 2026 a las 00:00

La inversión extranjera directa (IED) no es buena ni mala en sí misma. Todo depende del plan nacional y de la visión interna que la oriente hacia los sectores donde pueda ser más beneficiosa para la colectividad. La IED no es ni la panacea que “salvará” a la nación ni tampoco es el “demonio” que necesariamente dañará la riqueza y el desarrollo nacional.

Puede ser beneficiosa si realmente genera empleos respetando los derechos laborales, capitalizando sus competencias. Debe aportar a la producción interna aprovechando los recursos del país y equilibrando los impactos con el ambiente, también generando divisas, contribuyendo con tributos progresivos.

No debe servir de excusa para que las élites gobernantes y los grupos económicos influyentes incumplan con sus obligaciones patrióticas de transformar y actualizar las estructuras económicas nacionales y de paso, no caigan en la tentación de ganancias y transacciones que esclavicen el futuro del país.

No nos sirve la llegada de capitales extranjeros que solo se interesen en obtener ganancias sin importar la forma, sin crear empleos decentes que compensen el beneficio/costo de las exoneraciones fiscales.

Tampoco son convenientes aquellas empresas extranjeras que rompan el principio constitucional de ser complementarios-competitivos en lugar de sustitutos-monopólicos de la inversión nacional. Son más convenientes las empresas extranjeras que contribuyan a articular la industrialización y cadenas de valor agregado, en lugar de aquellas que solo se inclinan al extractivismo salvaje.

Honduras es un país con potencial para atraer inversión extranjera, dados su recursos naturales, su posición geográfica y su evolución histórica que lo clasifica como un territorio y sistema económico apto para explotación de negocios de amplio beneficio.

No deberíamos tener dificultades para atraer mucho más actividades económicas factibles. No obstante, aunque el acervo o stock de inversiones revela una porción significativa de empresas extranjeras aportando al PIB, quedan muchos espacios en los que al no existir interés, estrategia o capacidad interna, nos falta concretar esa potencialidad para generar producción, empleo, divisas, tributos y los demás efectos multiplicadores en nuestra economía. Pendientes similares tenemos en varios sectores estratégicos, por ejemplo en turismo y deportes.

Aunque los flujos de IED hacia Honduras aún se mantienen estancados, el acervo o stock que particularmente calculo en un rango entre US$4,000-5,000 millones en ausencia de datos oficiales, revela una significativa participación en la economía.

El estancamiento en los flujos anuales de inversión se debe a dinámicas de capital marcadas por tensiones geopolíticas, fragmentación comercial e intensas disputas de competencia tecnológico-industrial, que a su vez se combinan con el elevado riesgo financiero y la incertidumbre, resultando un mapa de la inversión mundial que ha erosionado la confianza de los inversores.

En el presente, si bien hay expectativas y hasta promesas político-electoreras de la llegada de mayores inversiones, lo cierto es que si se trata de inversiones estadounidenses, se percibe poca factibilidad dada la presión presidencial para que más bien retornen capitales hacia EE UU en lugar de irse, de allí la elevación descomunal en los aranceles.

Asimismo, la experiencia con la administración Biden-Harris hace desconfiar de mayores flujos de IED; El “Plan de acción” y el Partnership for Central America no se tradujo en mayores inversiones para Honduras, siendo Costa Rica y Guatemala los que recibieron un poco de lo que logró cumplirse.

También promesas incumplidas hasta ahora, de parte de empresas de China continental, que precisamente se ha consolidado como el segundo receptor mundial de inversiones, siguiendo a EE UU.

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