El Papá León XIV hizo pública una decisión de considerable importancia: la convocatoria, en octubre de 2026 en Roma, de todos los “presidentes de las Conferencias Episcopales del mundo para una asamblea sinodal sin precedentes dedicada “al matrimonio, la familia y la evangelización”.
El anuncio de convocatoria lo hizo en ocasión del décimo aniversario de la publicación (8 de abril del 2016) de la exhortación apostólica postsinodal “Amoris Laetitia-AL” sobre el Amor en la Familia, del papa Francisco, tras las dos sesiones del Sínodo sobre la Familia (octubre 2014 y octubre 2015).
Diez años es tiempo suficiente para realizar una valoración honesta. Tiempo adecuado para que quienes trabajan sobre el terreno sigan presentes para dar testimonio. Y tiempo suficiente para que un nuevo pontífice lo vea como una oportunidad para dejar su propia huella en uno de los temas más acuciantes del catolicismo contemporáneo.
Cuando Francisco publicó Amoris Laetitia no presentó un texto disciplinario convencional. Firmó lo que algunos teólogos denominaron de inmediato una “revolución pastoral sutil”: un documento de 325 párrafos. El capítulo VIII, en particular, abre la posibilidad -con todos los matices pastorales necesarios- de acoger a las personas divorciadas y vueltas a casar en un proceso de discernimiento comunitario que, en algunos casos, puede conducir a su reintegración a la vida sacramental.
Valga la aclaración que la asamblea de octubre no es un Sínodo de Obispos en el sentido canónico. León XIV ha optado por un formato de asamblea sinodal más flexible, en el que las discusiones en pequeños grupos lingüísticos y continentales se alternan con sesiones plenarias. Esta es una forma de gobierno colegiado que no se veía a esta escala desde las grandes asambleas posconciliares de la década de 1970.
Este formato tiene una implicación concreta: cada conferencia episcopal está representada por su presidente. No son delegados elegidos por Roma. Es el rector del colegio nacional quien habla, en nombre de la experiencia vivida de su Iglesia local. Esto confiere a la reunión una considerable autoridad representativa y, al mismo tiempo, una responsabilidad moral que los participantes no pueden eludir. No hablan en nombre propio: portan la voz de las familias de su país.
Según la información que circula desde el 19 de marzo, la agenda de octubre se estructurará en torno a cuatro temas principales. El primero es la evaluación pastoral ¿En qué situación se encuentran realmente las Iglesias locales en la implementación de AL? El segundo enfoque es teológico: cómo articular la misericordia pastoral con la verdad doctrinal. La tercera área se centra en las nuevas formas de inseguridad familiar. El cuarto ámbito es específicamente misionero: ¿cómo puede la familia volver a ser un sujeto activo de evangelización, y dejar de ser simplemente un objeto de atención pastoral?
Al convocar a los presidentes de las conferencias episcopales en lugar de una comisión de expertos del Vaticano, León XIV apuesta a que la verdad pastoral se construye con las Iglesias locales.