El expresidente Manuel Zelaya Rosales declaró públicamente que en Honduras “cualquier pendejo (ruin, cobarde, tonto, estúpido, imbécil, bruto, burro, idiota, mediocre, inepto) es presidente de la República”, y, que su mandato presidencial “lo ganó mediante fraude electoral”, afirmaciones que demuestran que la figura presidencial y su forma de elección, tienen escaso o nulo valor cívico-democrático.
Las denuncias de fraude electoral en las elecciones primarias e internas recién pasadas confirman que los procesos electorales para el asesor presidencial, son de poca estima. Desgraciadamente, han surgido pruebas confirmando los rumores del pacto de impunidad entre las autoridades de los partidos Libre, Nacional y Liberal para la realización del fraude en las elecciones primarias e internas.
Desafortunadamente, los tres candidatos presidenciales que surgieron de las elecciones primarias del domingo 9 de marzo 2025, se encuentran sumamente alejados del ideal que demanda la ciudadanía para ocupar la presidencia de la República, han perdido credibilidad a causa de la corrupción. Tragedia política.
Ahora, se rumora fuertemente que la ciudadanía aspira apoyar y votar en las elecciones generales al candidato presidencial, candidatos a diputados y alcaldes que representen una gran coalición política electoral levantando la bandera de un gobierno de unidad nacional que derrote contundentemente la pretensión reeleccionista del partido Libre y destruya el proyecto político e ideológico de convertir a Honduras en un Estado social-comunista.
La historia reciente nos muestra que la ciudadanía hondureña ha sido timada al elegir presidentes, diputados y alcaldes que decían ser lo que no eran; se decían honestos y navegaban en mares de corrupción.
Existe la experiencia con el asunto del expresidente Juan Orlando Hernández (JOH), quien convirtió su gobierno en un narcoestado y a su partido Nacional en narcopartido, estableciendo una gran industria de corrupción. El caso del Hernández es una real advertencia a tomar muy en cuenta. Además de su derrumbe personal, familiar y de colaboradores, también fue un derrumbe de la ética nacional. El pueblo hondureño fue engañado, creando un sistema de valores ficticios los cuales se convirtieron en aspiraciones para otros. Mal ejemplo.
Los electores deben ser cautelosos, más que nunca, saber diferenciar entre la persona real y la persona de imagen pública. Las imágenes públicas pueden ser cuidadosamente fabricadas y presentarlas a las masas como buenas y caer en el error. El costo de una doble vida, no solo implica el honor del político y/o funcionario sino también, los costos por los daños causados a la población y al Estado mismo, a causa de la ambición desmedida de poder, de riqueza y de la adoración de sí mismo. El imperio que los políticos y funcionarios alcanzan en base a corrupción no solo debe destruirse, sino que, la justicia debe ser implacable en perseguirlos, capturarlos, enjuiciarlos, condenarlos y llevarlos a prisión, restituyendo lo robado. Queda planteado.