La consecuencia de pensar

"El recorte de L1,441 millones a la UNAH debilita el intelecto nacional y traiciona el 6% constitucional, limitando el futuro de la educación pública"

  • Actualizado: 20 de abril de 2026 a las 00:00

Asistimos a un nuevo episodio de la política del subdesarrollo. El recorte de 1,441.6 millones de lempiras al presupuesto de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), más allá de un ajuste contable, es una decisión política que debilita deliberadamente el intelecto colectivo de un pueblo que ya padece la anemia de sus instituciones.

Este zarpazo presupuestario revela la verdadera naturaleza del poder cuando se siente amenazado por la luz de la razón. El gobierno, al reducir la asignación constitucional del 6 % a un 3.8 %, nos está dando señales claras de sus prioridades.

Un Estado que limita la capacidad de su principal universidad afecta, al mismo tiempo, la posibilidad de formar ciudadanos que cuestionen, investiguen y propongan.

Mientras la Constitución establece un compromiso con la educación superior, en la práctica, el poder la traiciona. Al asfixiar económicamente a la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), también se cierran los laboratorios, las bibliotecas y las oportunidades de los hijos e hijas de obreros, campesinos y de todas aquellas personas que ven en la universidad pública su única vía de movilidad social.

Reducir la inversión en educación superior es, en última instancia, un proyecto de derrumbe del futuro y la construcción progresiva de una ciudadanía dócil.

Este recorte no solo afecta la infraestructura, sino que compromete el rumbo del país; porque sin financiamiento, la investigación muere, y sin investigación, Honduras se condena a depender de ideas importadas.

Si el Congreso Nacional aprueba este presupuesto sin revisarlo, no estará tomando una decisión técnica, sino política.

Su mensaje sería claro: el problema no es el presupuesto, sino la incomodidad que genera una sociedad que piensa.

Publicarlo en “La Gaceta” sería oficializar el entierro de la meritocracia y la consagración de la mediocridad como política de Estado.

La historia no recordará a este gobierno por su “disciplina fiscal”, sino por haber decidido recortar cuando solo se requería responsabilidad y visión.

Al final, no se trata solo de números, sino de decisiones que terminan definiendo el tipo de país que se está construyendo.

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