La polémica sobre los hondureños que decidieron vacacionar en El Salvador durante la Semana Morazánica merece un análisis económico, no emocional. El turismo es una actividad competitiva donde influyen precios, seguridad, infraestructura, calidad y promoción. Nadie debe cuestionar la libertad de viajar; corresponde preguntarnos cómo fortalecer nuestros destinos turísticos.
Hasta el 8 de octubre, El Salvador registró más de 43,000 ingresos de hondureños. Honduras, mientras tanto, proyectó movilizar 500,000 turistas internos y generar 600 millones de lempiras. Son indicadores diferentes, pero reflejan la importancia económica del sector.
El Salvador ha logrado posicionar sus playas, centros históricos y espacios públicos mediante inversiones, promoción y mejoras en seguridad. Además, desarrolló campañas dirigidas al turista hondureño, una estrategia comercial que debemos reconocer.
Honduras posee ventajas extraordinarias: Islas de la Bahía, Copán Ruinas, Tela, La Ceiba, Trujillo, Comayagua, Gracias, Santa Rosa de Copán y numerosos pueblos coloniales, montañas y destinos naturales. Sin embargo, disponer de atractivos no garantiza visitantes sin infraestructura y servicios competitivos.
Existe otro factor determinante: la situación económica de las familias hondureñas. El encarecimiento de alimentos, combustibles, transporte y otros servicios reduce el ingreso disponible para recreación. Muchas familias enfrentan compromisos financieros que les impiden viajar, incluso dentro del país. Por tanto, el debate no debe limitarse a quién viajó a El Salvador o permaneció en Honduras, sino reconocer que numerosos hondureños sencillamente carecieron de recursos para disfrutar sus vacaciones.
El costo merece especial atención. Una familia de cuatro personas debe comparar alojamiento, alimentación, combustible y entretenimiento. Algunos destinos hondureños pueden resultar costosos, especialmente cuando aumentan las tarifas durante los feriados. Tampoco podemos afirmar que El Salvador sea generalmente más barato sin comparar servicios equivalentes.
Necesitamos estudios oficiales sobre precios y presupuestos familiares en ambos países, incluyendo transporte, impuestos y calidad del servicio. La competitividad turística debe sustentarse en información verificable
Propongo que el Instituto Hondureño de Turismo desarrolle una Guía Turística Nacional por Departamentos, con información actualizada de cada municipio: hoteles, tarifas, restaurantes, historia colonial, playas, parques, actividades y opciones de transporte.
Esta plataforma debería ofrecer paquetes familiares accesibles de dos, tres y cinco días, mediante alianzas con municipalidades, cámaras de turismo y empresarios.
También debemos mejorar carreteras, señalización, seguridad, limpieza y capacitación turística. El sector privado necesita revisar precios, ofrecer promociones anticipadas y evitar incrementos excesivos durante temporadas altas.
Asimismo, propongo medir ocupación hotelera, gasto promedio, satisfacción del visitante y empleo generado por departamento, para orientar inversiones y evaluar resultados.
El turismo debe convertirse en una política de desarrollo territorial, generadora de empleo y oportunidades económicas. Bajo esa premisa, trabajé en turismo por cuatro años.
No se trata de criticar a quienes visitan El Salvador, sino de conseguir que Honduras ofrezca mejores experiencias, precios competitivos y oportunidades para que más familias puedan disfrutar su propio país.