Cuadrillas de la alcaldía de la capital debieron actuar de emergencia la semana pasada para remover toneladas de basura acumulada, combinadas con lodo y ramas, en los cauces de las quebradas La Salada y La Falda, a inmediaciones de la colonia Hato de Enmedio. Las autoridades denunciaron que en el inmenso promontorio de desechos se encontraron desde muebles hasta un vehículo abandonado, que obstruyeron el cauce, cuyo nivel creció repentinamente por efecto de las lluvias de temporada.
El alcalde se refirió al “botadero de basura clandestino” e hizo un llamado a la población para que evite botar basura en las calles y en afluentes que rodean sus barrios y colonias. “Contamos con las respuestas técnicas para hacer frente a estas contingencias”, afirmó, “pero debemos promover nuevos hábitos de la gente para el manejo de la basura. Esto es lo más difícil, pero debe hacerse”.
Cada año afrontamos inundaciones y deslaves cuando diluvia por el desbordamiento de quebradas y ríos, la inestabilidad de suelos y fallas geológicas, entre otras razones. Al desorden de larga data y el deficiente ordenamiento territorial se ha sumado la presencia de asentamientos humanos en estas zonas de riesgo, que representan una amenaza a sus vidas, seguridad, precarias infraestructuras y bienes. Podríamos escribir de memoria un listado interminable de zonas geográficas y graves contingencias que reaparecen cada vez que arrecian las lluvias: los cuerpos de socorro, autoridades y medios de comunicación los tienen ya contemplados en sus planificaciones y presupuestación, pues no hay evidencia alguna de que haya ocurrido un cambio profundo en los factores implicados que indique que pasará lo contrario. Sin embargo, cada cierto tiempo se presentan emergencias como la represa de desechos en El Hato, los derrumbes en la colonia Guillén y el anillo periférico, la caída de un puente a desnivel (el Juan Manuel Gálvez), o esta alarmante sequía, que podrían aprovecharse para revisar protocolos y adoptar alternativas innovadoras que las prevengan, resolviéndolas temporalmente o erradicándolas por siempre.
Ustedes y yo somos parte de la especie animal Homo sapiens, llamada así por la supuesta “sabiduría” que nos caracteriza. A diferencia de otros primates, podemos pensar, aprender y crear de manera compleja, adaptándonos y sobreviviendo en entornos cambiantes. Sin embargo, la reincidencia de situaciones irracionales y contradictorias como la del basural clandestino denunciado por la alcaldía nos convence de que coexisten con nosotros innumerables homines stulti (humanos estúpidos), a los que hay que contrarrestar con campañas de prevención y sanciones que cambien sus malos hábitos y les protejan de sí mismos y, aún más importante, que nos protejan a nosotros de su ilógico proceder. No podemos dejar solas a las autoridades con el desafío: si vamos a ser resilientes, hagámoslo como esas especies que saben responder instintivamente “en manada”, por y para su propia supervivencia.