La hostilidad de Estados Unidos hacia Cuba lleva 67 años. Antes del embargo más completo, Estados Unidos había reducido la cuota de azúcar y prohibido exportaciones, después se aprobó una orden más agresiva, con regulaciones bancarias y al comercio, tiene prohibido usar el dólar estadounidense en sus transacciones, lo que impide tener cuentas bancarias en terceros países, acceder a créditos por parte de bancos estadounidenses o sus filiales en otras naciones, acceder a préstamos de instituciones internacionales como el Banco Mundial o el Banco Interamericano de Desarrollo.
En el tema de la salud, ni en la etapa crucial de la pandemia del coronavirus las autoridades de Estados Unidos permitieron que llegara equipos e implementos médicos como oxígeno medicinal, medios de diagnóstico, ventiladores pulmonares y medicamentos en general.
El bloqueo fue escalando con acciones más cerradas, leyes como la Ley Torricelli y la Ley Helms-Burton que penalizan a terceros países que comercialicen con Cuba. Estados Unidos combinó otras formas de lucha, como la invasión a Playa Girón en 1961.
La idea siempre ha sido terminar con un proceso de cambio que no es del agrado de la política estadounidense.
Como si faltara algo, el Gobierno de Donald Trump adoptó recientemente medidas que, en su visión, podrían representar el golpe final contra el modelo de desarrollo iniciado en Cuba el 1 de enero de 1959. El propio Trump declaró que “Cuba está a punto de caer” y agregó: “No sé cómo van a poder mantenerse, no tienen ingresos”. La orden ejecutiva aprobada impone un bloqueo a la adquisición de petróleo por parte de Cuba y sanciona a los países que faciliten o envíen combustible a la isla.
La orden ejecutiva fue justificada bajo el argumento que Cuba constituye una amenaza nacional para Estados Unidos; resulta extraño considerar cómo un país que, según palabras del presidente estadounidense, está a punto de caer, represente una amenaza para una nación que, para muchos, sigue siendo la principal potencia económica y militar del mundo. Cuba ha sufrido el bloqueo más grande que la historia humana ha conocido.
Resulta completamente irracional exigir que el modelo económico cubano funcione bajo un cerco, cuya intención es impedir su funcionamiento. Es una contradicción evidente pretender que una economía asfixiada por restricciones externas pueda desarrollarse con normalidad. Esta situación se asemeja a atar de pies y manos a una persona, arrojarla a un río, y después reclamarle por no lograr salvarse de ahogarse. Así, las exigencias sobre el desempeño económico de Cuba, ignorando las duras condiciones impuestas desde fuera, carecen de fundamento y justicia.
¿Hasta cuándo las autoridades de los Estados Unidos seguirán ignorando que este bloqueo viola claramente las normas internacionales y castiga injustamente al pueblo cubano, afectando áreas esenciales como la salud, la educación y la alimentación básica? ¿Hasta cuándo pasarán por alto que, año tras año, la mayoría de las naciones en la ONU condenan de manera categórica una política cuya única consecuencia tangible ha sido profundizar el sufrimiento de una población entera?.