Hace calor ¿o son ideas mías?

  • Actualizado: 20 de febrero de 2026 a las 00:00

En algún momento de mi vida estudiantil o profesional descubrí que me gustaban los números y, como pasa con el buen café, la lectura inolvidable, el cine de calidad y las conversaciones entrañables, supe por experiencia de primera mano que me gustaban las cifras que tenían significado especial. Un recordado mentor de matemáticas -viejo amigo de la familia- me reclamó con cariño paternal hace varias décadas porqué había estudiado leyes y no una carrera del área científica. En aquel entonces, de pie en un pasillo universitario, solo atiné a decirle que quería aprender cómo funcionaban las reglas que gobiernan el Estado y las acciones de sus dirigentes, pero que los teoremas y leyes de la física no era fácil olvidarlos (los habíamos aprendido con devoción indeleble) y que seguramente me iban a servir en el mundo de las humanidades. Fue una “fumada” de imberbe para salir del reclamo pero el tiempo me dio la razón.

La primera vez que escribí acá fue en 1997 y dediqué una sustanciosa cantidad de caracteres para denunciar los paralelos en el asesinato de dos defensores de derechos humanos, uno guatemalteco y otro hondureño. Al connacional lo había conocido en mi trabajo y el sino del extranjero había sido parte de nuestras conversaciones en nuestros encuentros. En lo acontecido con ambos personajes se podrían encontrar asociaciones interesantes con las leyes de la física clásica cuya deducción se atribuye a Isaac Newton.

Desde la inercia que condujo a su fatal final, pasando por la fuerza y aceleración que sus actos demandaron y no digamos la reacción que provocaron sus acciones en sus entornos y que “atrajeron” las feroces balas que acabaron con sus valiosas vidas.

Nuestros actos (u omisiones) ciertamente producen consecuencias, y esto puede decirse con la certeza que la ley de la causalidad usualmente permite. Esta forma de razonar -que está incorporada en nuestra lógica de análisis cotidiano- es producto no de las aulas de la Facultad de Derecho, sino de las buenas lecciones recibidas de mis abnegados profesores del área físico-matemática.

Promedios, porcentajes, sumatorias. La estadística aplicada al análisis de la realidad vino después, con nuestra incorporación al trabajo con partidos y al comentario en los medios de comunicación. Además de aportar sustento y apoyo a lo que la cabeza y boca transmiten, permiten que la audiencia entienda situaciones complejas, pues se pueden explicar cual pedazos de una torta o pastel, botellas medio llenas o medio vacías y -acá va mi ejemplo favorito- como cuando uno prueba una sopa para saber si está o no salada, ya que no es necesario tomársela toda sino que basta probar una cucharada de la olla.

Por eso -y acá va la termodinámica- hay que prestarle atención a los índices de violencia y percepción de corrupción del país, porque cuando sube la temperatura primero nos quejamos de “la calor” y es hasta después que vemos el termómetro, pero para prevenir y actuar mejor es preferible pasar pendiente de los números todo el tiempo.

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