Los ataques contra Teherán siguen y se intensifican. Sin embargo, el régimen iraní parece resistir y, según expertos en temas militares que he escuchado o leído, el fin de la guerra contra Irán puede ser más complicado de lo que anticipa el propio presidente Donald Trump, quien ha mantenido su retórica de “golpe rápido”, desde el primer ataque el 28 de febrero.
Aunque el conflicto armado se concentra exclusivamente en Medio Oriente, sus efectos económicos son globales y se convierten rápidamente en un factor que tiene tanta importancia como las estrategias militares o ataques que se llevan a cabo en el terreno, pues ya impactan en todos los continentes con mayor o menor repercusión.
Antes de aquel primer ataque a Irán, el precio del crudo de petróleo estaba en USD70 por barril. Ahora se ha superado la barrera de los USD100 y ha alcanzado picos de USD120 por barril, un hecho que impacta, de una u otra manera, en las economías de todos los países, aún aquellos que tienen reservas especiales para crisis como la que se presenta.
No se requiere ninguna maestría en economía para saber que, cuando los combustibles incrementan sus precios, se produce una inflación en cascada, pues el transporte aumenta y la especulación –en cualquier país del mundo– se vuelve compañera del incremento de precios en los productos básicos.
¿Cuánto se prolongará la guerra? ¿Se involucrarán otros países o bloques? ¿Los efectos económicos golpearán al presidente Donald Trump? ¿Caerá pronto el régimen de Teherán o el conflicto se convertirá en una confrontación de desgaste? ¿Logrará EEUU el control del estrecho de Ormuz? ¿Qué efecto dominó llegará a Latinoamérica?... Hay muchas dudas flotando en el ambiente.
Cuando Trump anunció su “golpe rápido” y luego la muerte del líder máximo, el ayatola Jameneí, parecía que se cumpliría el pronóstico. Pero no ha sido así y, aunque ahora dicen que su sucesor, su hijo Mojtaba Jameneí, ha sido herido, la verdad es que los mensajes de resistencia persisten. La superioridad militar no se discute, pero las dificultades sobre el terreno suelen ser mayores de las previstas y alcanzar los objetivos de cambio de régimen en la república islámica puede tardar.
Aunque un 56 por ciento de los estadounidenses se oponían a la guerra en la primera semana del conflicto –datos de una encuesta PNSNews/NPR/Marist–, esa cifra puede ir en aumento, castigando la popularidad del presidente, pues los precios de las gasolinas en ese país han subido hasta un 20%, lo que golpea directamente al bolsillo de las personas... que en noviembre serán votantes en las elecciones de medio período para el Congreso.
Sin embargo, aunque la guerra se libra en Medio Oriente y los involucrados directos son EEUU, Israel e Irán –y países vecinos–, nuestra región latinoamericana ha empezado a sentir los efectos económicos derivados, principalmente, por el incremento del crudo. Aunque Guatemala, El Salvador, Honduras, República Dominicana, Perú o Chile están a miles de kilómetros del estrecho de Ormuz –por donde pasa el 20 por ciento del petróleo mundial– y del escenario de la guerra, las economías latinoamericanas sienten ya los efectos de lo que allá sucede.
Para muestra, algunos “botones”. Esto dice la prensa de la región: (República Dominicana) "RD bajo presión: Analistas advierten que conflicto en Irán frenará el crecimiento proyectado para 2026”; (El Salvador) “Shock petrolero golpea el bolsillo salvadoreño”; (Honduras) “Alza del diésel amenaza con disparar precios de alimentos"; (Guatemala): “Gobierno lanza Plan Centinela para controlar precios de gasolinas”; (Perú) “Guerra en Irán y crisis del gas golpean la canasta básica peruana".
No hay encuestas particulares en la región, pero es evidente que en nuestros países empieza a darse lo que podríamos llamar “pánico silencioso”, aunque deja de ser silencioso por lo que se puede apreciar en las redes sociales. La incertidumbre de ese “efecto dominó” que llega desde Medio Oriente al resto del mundo se hace más sensible en la medida en que el tiempo pasa.
Volviendo al actor principal de este acontecimiento global, el presidente Donald Trump, los efectos que en principio pensó que serían una simple muestra del poderío estadounidense –que nadie cuestiona–, pueden convertirse en búmeran con su economía doméstica.
Pronto deberá sacar parte o todas sus reservas de petróleo para limitar las alzas en las gasolinas, pero habrá daño colateral: los precios de productos básicos seguirán subiendo, el costo de la guerra, que se estima en unos USD1,800 millones diarios, tendrá también un impacto para su administración. Si la victoria llega pronto, podrá presentarla como triunfo personal, pero si se prolonga, el resultado será nefasto y todo se puede acumular en su contra para las elecciones legislativas, en donde perder el control republicano significará que no podrá seguir gobernando sin límites... como hasta ahora. Riesgos por todos lados.