Expansionismo territorial

“Ni los canadienses, groenlandeses y gazatíes desean ser absorbidos por Washington”

  • Actualizado: 12 de marzo de 2025 a las 00:00

La pretensión del presidente Trump, reiterada públicamente, de adquirir Groenlandia, Gaza, retomar el Canal de Panamá y convertir a Canadá en el estado 51, se inscribe en la tendencia que se remonta al siglo XIX: la conquista de territorios ajenos a costa de las naciones indígenas, a medida que el nuevo país se expandía hacia el oeste, poblando las tierras adquiridas mediante la guerra con migrantes europeos, tras su despojo a sus legítimos dueños.

Los distintos tratados suscritos con los vencidos fueron reiteradamente violados por los distintos gobiernos federales, confinándolos a tierras áridas, reservas.

La guerra e invasión de México (1846-1848) resultó en la pérdida de más de la mitad de su territorio original, con lo que Estados Unidos alcanzó la costa del Pacífico. Al crecer su producción industrial, buscó nuevos mercados en Centroamérica, el Caribe, Asia.

Para 1898 declaró la guerra a España, apoderándose de sus colonias: Cuba (mediatizando su independencia con el derecho a intervenir cuando considerara oportuno, posesionándose de Guantánamo), Puerto Rico, Filipinas (tras vencer a los independentistas), Guam.

Marcaba el inicio de su pujanza militar, financiera, industrial, insistiendo en una política de “puertas abiertas” respecto a China, en plena decadencia, aprovechada por monarquías europeas y Estados Unidos para crear enclaves, con derechos extraterritoriales, repartiéndose mercados, forzando a Japón a la apertura comercial.

Por compra, adquirió Florida, Luisiana, Alaska, Islas Vírgenes. Su expansionismo ha sido justificado ideológicamente: “Doctrina Monroe” (1823), advirtiendo a las potencias europeas que no intervinieran en las recién independizadas naciones latinoamericanas, por constituir su área de influencia hegemónica, su “patio trasero”.

El “Destino Manifiesto” enunciaba que era inevitable su expansionismo hacia el sur, declarando que las Antillas era su “mare nostrum”, reciclando a la Roma imperial y su control del Mediterráneo.

La “Diplomacia del Dólar” logró que las deudas de países centroamericanos y caribeños pasaran de acreedores europeos a bancos estadounidenses.

“La Política del Gran Garrote”, intimidaba con el uso de intervenciones armadas a gobiernos que no acataran sus designios: Haití, República Dominicana, Cuba, Nicaragua, Honduras, padecieron ocupaciones militares so pretexto de proteger a sus conciudadanos y sus inversiones.

La imposición de sanciones económicas, el no reconocimiento diplomático, una red de bases militares, algunas dotadas de armamento nuclear, apuntalan la presencia estadounidense en el mundo, amén del control de organismos internacionales de crédito: Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, Banco Interamericano de Desarrollo.

Ni los canadienses, groenlandeses y gazatíes desean ser absorbidos por Washington. Panamá rechaza sean violados los Tratados Torrijos-Carter (1977), que devolvieron a su soberanía y posesión la vía acuática y las zonas adyacentes.

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