“Estoy cansado de la izquierda y la derecha”

  • Actualizado: 12 de junio de 2026 a las 16:15

Por: Javier René Barrientos Alvarado, Excomandante General de la Fuerza Aérea Hondureña.

En Honduras, el cansancio histórico ante el espectáculo de una retórica política que ha hecho del engaño su herramienta de gestión es insostenible. Vivimos atrapados en un péndulo ideológico estéril: una "derecha" y una "izquierda" que, al alternarse en el poder, terminan pareciéndose demasiado en sus vicios y en su profunda desconexión con la realidad. Mientras los extremos se alimentan del conflicto, el pueblo hondureño ve cómo se dinamitan sus esperanzas en la misma sala de espera de siempre.

Este panorama exige un punto de quiebre inmediato. El futuro de nuestra nación es un asunto demasiado serio para dejarlo a merced de intereses coyunturales cada cuatro años. Si queremos resultados diferentes, debemos cambiar de rumbo hoy. El motor del cambio no vendrá de consignas vacías, sino de la reconstrucción institucional y una inversión decidida en el capital humano. Es hora de sustituir la lealtad ciega al caudillo por la lealtad inquebrantable a la patria.

La salida a esta crisis requiere un esfuerzo de concertación nacional sin precedentes. No hablo de una invitación, sino de una convocatoria obligatoria. Es imperativo integrar a todos los sectores políticos sin excepción, a todas las instituciones del Estado, las universidades, el sector privado y a cada hondureño comprometido con el rescate del país. Este Plan de Nación debe ser un acuerdo vinculante y de cumplimiento obligatorio que trascienda los periodos presidenciales, trazando una ruta inamovible de los próximos veinte o treinta años en temas críticos como salud, educación, seguridad jurídica, Defensa y desarrollo sostenible.

En este proceso, es vital que las universidades del país refuercen y expandan la carrera de Ciencias Políticas. Necesitamos formar científicamente a los nuevos estadistas hondureños, individuos de alta capacidad estratégica y ética, que comprendan que el Estado está por encima de cualquier parcela electoral. De estas aulas debe emerger el liderazgo técnico que garantice que el país se maneje con profesionalismo y no con improvisación.

Para garantizar que este plan no se convierta en letra muerta, su ejecución debe estar blindada. Una vez que este Plan de Nación sea aprobado y firmado por la totalidad de los sectores participantes, las Fuerzas Armadas de Honduras deberán asumir el rol de garantes y supervisores de su cumplimiento. Esta institución, por su naturaleza de orden y servicio a la patria, será la encargada de velar porque cada meta y cada compromiso se ejecute al pie de la letra, asegurando que la ruta trazada sea respetada por cualquier administración, sin excepciones ni dilaciones.

La responsabilidad de iniciar este proceso recae en quienes ostentan hoy el mando político. El presidente Nasry Asfura y el presidente del Congreso Nacional, Tomás Zambrano, deben convocar este esfuerzo de inmediato. La historia no les perdonará la inacción. Se les demanda deponer las inercias de la confrontación tradicional para convertirse en los grandes facilitadores de este pacto de Estado.

No estamos buscando borrar las diferencias ideológicas, sino subordinarlas a la supervivencia y prosperidad de nuestra nación. Construir un país viable requiere rigor técnico, altura política y un patriotismo práctico que reemplace la mentira por el diseño estratégico. El futuro de Honduras se escribe con tinta de institucionalidad, meritocracia y educación, o simplemente no se escribirá.

Este es un mandato de la razón y de la urgencia nacional. Hacerlo es, hoy más que nunca, la única forma de salvar a nuestra amada Honduras.

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