El termómetro también mata

Las noticias globales centran su atención en grandes acontecimientos: los terremotos de Venezuela, la guerra de Ucrania, los combates en Oriente Medio y las crisis políticas que se replican en Washington, Londres, Madrid, México, Guatemala, Lima y tantos otros países del mundo. Pero... ¿qué sucede con el clima?

  • Actualizado: 26 de junio de 2026 a las 13:31

Hace algunas semanas fue noticia una ola de calor que anunciaba para este año la llegada del fenómeno llamado “Súper Niño”, con temperaturas que alcanzaron los 40°C en varios países latinoamericanos.

El viernes 26 de junio, mientras en Venezuela se luchaba por salvar vidas en medio de los escombros de los edificios derrumbados por dos terremotos y los muertos se contaban por centenares, Europa sufría bajo una campana de calor que ya registra un elevado número de fallecidos.

Por curiosidad periodística revisé las temperaturas de varios países en esa fecha específica: En España récords históricos rozando los 42°C grados, en París la temperatura alcanzó 38.5°C, en Inglaterra se dio una alerta roja porque el termómetro alcanzó un pico provisional de 37.3°C, una temperatura asfixiante en un país que no está preparado con aires acondicionados.

Curiosamente, la zona norte de Venezuela, golpeada por los terremotos, sufre también de una ola de calor que registra hasta los 32°C, lo que sin duda complica las labores de rescate y descombramiento.

Un terremoto nos sensibiliza –con razón–, las guerras, aunque se han vuelto comunes y casi permanentes, captan nuestra atención, pero no sucede lo mismo con el tema climático, que está alcanzando niveles verdaderamente alarmantes, mientras que es poco lo que se hace para combatir sus causas y apenas se advierte o emiten alertas para evitar una muerte por golpe de calor, como las que ya se han registrado en España, Francia o el Reino Unido.

Mientras yo escribo o tú lees esta columna, otro fenómeno se está produciendo en nuestro planeta y tiene relación con el clima y el cambio climático que vivimos y es real, por más que algunos dirigentes mundiales quieran negarlo o minimizarlo. Me refiero al descongelamiento de los polos, que es algo más allá que ver como los osos polares se quedan sin hogar, porque sus efectos llegan mucho más lejos de los extremos polares.

En la medida en que desaparece el blanco hielo en las regiones polares, se pierde también su función como espejo que devuelve gran parte de los rayos solares y, en vez de ello, es el océano el que absorbe el 90% del calor y provoca corrientes marinas. Hay muchos efectos más que están sucediendo y mantienen preocupados al mundo científico, mientras el mundo político los ignora.

Una de las consecuencias, porque hay muchas más, son estas olas de calor que estamos viviendo. No es extraño que Francia, Reino Unido y España, así como Suiza, hayan ya alcanzado temperaturas de récord histórico: No investigué, pero seguramente África y Asia atraviesan por situaciones parecidas, porque finalmente el calor no es algo que excluya países, sino que golpea a todos por igual, según su ubicación geográfica.

El planeta está resintiendo el descontrolado avance de la llamada Cuarta Revolución Industrial o Era Digital, en la que, curiosamente, se alcanzan los adelantos más notables científicos y tecnológicos, pero no podemos detener el deterioro ambiental que amenaza con cobrar más vidas que guerras y terremotos.

Algunas voces se alzan para advertir lo que está por venir, pero, así como antes a los ambientalistas se les llamó eco histéricos, ahora se les ignora o sus opiniones se desechan, mientras el termómetro sube cada año significativamente y se hace acompañar de la muerte.

Los expertos dicen que lo que recibimos en estos momentos son, en realidad, una especie de alertas o advertencias, para que la humanidad haga lo que debe hacer, porque de lo contrario, los efectos serán catastróficos y cada vez las noticias será más apocalípticas.

Donald Trump obliga a que los países europeos, sus incómodos aliados, inviertan más en defensa. Rusia, China, Estados Unidos y Corea del Norte, son países en constante carrera armamentista. Sin embargo, no hay ninguna corriente, no digamos dominante, sino simplemente influyente, que empuje para que preservemos la Tierra que, por otra parte, es el único planeta que tenemos para vivir como humanidad. Las recomendaciones de hidratarse o cuidarse de los rayos solares, poco a poco se vuelven insuficientes, tal como lo estamos comprobando.

En el área de Centroamérica, parte de México, el Caribe y algunas regiones de Sudamérica, se anticipa que los próximos meses habrá nueva oleada de calor. Luego vendrán lluvias, sí, pero entonces veremos inundaciones también peligrosas. Ahora es el Super Niño, luego vuelve La Niña, tal vez convertida en Súper Chica. Los polos seguirán perdiendo nieve y los océanos creciendo peligrosamente.

Y como el mundo está loco, loco, loco... todo se agrava con la desinformación que provocan las redes sociales dirigidas y manipuladas por su famoso algoritmo.

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