El prócer José Cecilio del Valle, filósofo, político, periodista y abogado, es conocido como “El Sabio Valle” por su intelecto, preparación académica y visión política. Autor y redactor del Acta de Independencia de Centroamérica de 1821, su pensamiento continúa ofreciendo principios útiles para entender los desafíos actuales de soberanía, democracia, justicia y globalización. Su legado no pertenece solamente a la historia, interpela directamente al presente hondureño.
El Sabio Valle declaró en el Congreso Federal el 28 de marzo de 1826: “Nací en el Estado de Honduras, y allí heredé la primera propiedad de mi familia. Fui formado en el de Guatemala, y allí recibí otra propiedad de precio mayor: la educación que me ha inspirado amor a la causa pública y respeto a los principios de las sociedades políticas”.
El Sabio Valle miraba en la soberanía un trasfondo ético: “Las naciones se hallan unas respecto a otras en el estado de naturaleza, y la moral es el vínculo que debe unirlas. Las naciones son independientes y soberanas, cualquiera sea su extensión de su territorio o el número de individuos. Las naciones deben en tiempo de paz hacer el mayor bien, y en el de guerra, el menor mal posible. Una nación no tiene derecho para intervenir en los negocios de la otra”.
Valle concibió el Estado-nación centroamericano sobre el imperio de la ley, la educación y el desarrollo económico orientado al bienestar general. Defendió la unión centroamericana, la preparación científica de los ciudadanos y leyes capaces de contener abusos y garantizar derechos. Para él, la ignorancia alimentaba pobreza y desigualdad; la educación debía preparar al ciudadano para participar en la vida política y productiva.
Dos siglos después, esa visión adquiere particular vigencia frente a la globalización. El problema no es comerciar, atraer inversión o cooperar con otras naciones. El problema comienza cuando globalizar significa someter al Estado-nación; cuando el capital obtiene privilegios superiores a los derechos ciudadanos; o cuando las decisiones públicas responden antes a intereses económicos que al bienestar colectivo.
Valle asociaba la soberanía con la construcción del verdadero ser centroamericano y rechazaba el colonialismo, el vasallaje y el sometimiento. También planteaba a los capitalistas la necesidad de tener sentido de patria y de nación.
Su pensamiento conduce igualmente a la justicia social. Un Estado soberano no puede limitarse a proteger mercados: debe proteger personas. Educación, salud, oportunidades, producción y leyes justas convierten la libertad formal en bienestar real. Honduras necesita inversión extranjera, comercio y cooperación internacional. Pero necesita socios, no tutores; capital que produzca, no capital que gobierne.
Cambian las épocas, los actores y los instrumentos del poder. Pero permanece intacta la esencia del pensamiento de Valle: respeto a las leyes, independencia del Estado-nación y justicia para la sociedad.
El dinero debe servir al desarrollo; jamás sustituir la soberanía popular. ¡Viva la independencia! Queda planteado.