El retorno del Consejo de la Judicatura

El debate sobre el Consejo de la Judicatura vuelve a la agenda pública como una respuesta urgente ante los diversos cuestionamientos a la actual presidencia de la Corte Suprema de Justicia

  • Actualizado: 12 de marzo de 2026 a las 00:00

El debate sobre el Consejo de la Judicatura vuelve a la agenda pública como una respuesta urgente ante los diversos cuestionamientos a la actual presidencia de la Corte Suprema de Justicia. Tras años de relativo silencio, resurge el diálogo sobre reformas institucionales vinculadas al futuro del Poder Judicial.

La Constitución de la República, en su artículo 317, prevé la creación del Consejo de la Judicatura con el propósito de separar las funciones administrativas de las jurisdiccionales, evitando que la gestión judicial se concentre en el Pleno de magistrados de la Corte Suprema de Justicia. No obstante, el pasado ha dejado lecciones que no podemos ignorar.

Si recordamos los antecedentes, el Consejo de la Judicatura se instaló en el año 2013 bajo el amparo del Decreto No. 219-2011. Sin embargo, su funcionamiento generó diversos cuestionamientos. Las recurrentes denuncias por irregularidades y el manejo inadecuado de recursos derivaron en su desintegración y en la declaratoria de inconstitucionalidad de la ley que le dio sustento, dejando múltiples problemas estructurales internos.Tras la desintegración del Consejo, se ha consolidado la progresiva concentración de facultades administrativas a la presidencia de este poder del Estado. En la actualidad, la acumulación de atribuciones asumidas por la magistrada presidenta, Rebeca Ráquel Obando, ha debilitado los contrapesos internos necesarios para el equilibrio institucional, lo que ha generado preocupación en diversos sectores.

En este contexto, el debate legislativo en torno a la reciente aprobación del Decreto No. 10-2026 reabre la posibilidad de crear un nuevo ente administrativo que subsane las deficiencias de la administración vigente. El objetivo no es repetir fracasos anteriores, sino instaurar un órgano colegiado que garantice el respeto irrestricto a la carrera judicial y establezca límites claros, reglas transparentes y mecanismos reales de rendición de cuentas.

La creación de un nuevo Consejo de la Judicatura representa una oportunidad para distribuir racionalmente las funciones administrativas. La iniciativa puede ser positiva, siempre que no se repitan los errores del pasado y que responda a una planificación seria, técnicamente sustentada y alejada de intereses coyunturales.

Su viabilidad dependerá, en gran medida, de la calidad técnica y ética de quienes lo integren. El nuevo órgano colegiado debe de conformarse con perfiles idóneos con carrera judicial comprobada; sólo profesionales con solvencia y compromiso institucional podrán garantizar decisiones objetivas orientadas al fortalecimiento del Poder Judicial.

El desafío es garantizar su funcionamiento con independencia y visión a largo plazo. Si se asume con verdadera responsabilidad institucional, puede ser el cimiento para recuperar la confianza y consolidar un aparato judicial sólido y coherente; de lo contrario será una iniciativa más sin impacto real en la administración de justicia.

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