El presidente frente al desafío agropecuario

Gobernar no es una tarea individual, la conducción del Estado exige equipos técnicos competentes, con autoridad moral, independencia y libertad para tomar decisiones.

  • Actualizado: 14 de febrero de 2026 a las 00:25

En cada cambio de gobierno renace la esperanza en la conciencia del pueblo hondureño y renuevan las expectativas de que este nuevo gobierno corrija errores del pasado y encamine a la nación por rutas de justicia, producción, desarrollo, progreso, estabilidad y bienestar social. Esa esperanza ha sido depositada en el presidente Nasry Juan Asfura Zablah, quien conducirá al país en un momento histórico complejo, marcado por la corrupción, por profundas debilidades institucionales y una deuda social acumulada.

El país reconoce en el presidente una alta capacidad de trabajo y disciplina administrativa. No obstante, gobernar no es una tarea individual, la conducción del Estado exige equipos técnicos competentes, con autoridad moral, independencia y libertad para tomar decisiones. Los secretarios de Estado, subsecretarios, directores generales deben ser seleccionados por mérito, experiencia y probidad, y no por compromisos políticos, pues la corrupción y la improvisación han sido frenos del desarrollo nacional.

El estancamiento histórico de Honduras no ha sido consecuencia de la falta de recursos económicos, sino del secuestro de las instituciones por funcionarios corruptos e incapaces, sumado a una peligrosa tolerancia social frente a gobiernos disfuncionales. El resultado ha sido un Estado ineficiente, distante del ciudadano y, funcional para unos pocos.

Es deber de la sociedad vigilar la actuación de los funcionarios públicos y denunciar toda forma de corrupción. Cada lempira robado representa menos educación para la niñez, menos oportunidades para la juventud, abandono para los adultos mayores, menos infraestructura productiva y menos oportunidades para agricultores, ganaderos, industriales y trabajadores.

La modernización del Estado es transformar la gestión pública para hacerla más eficiente, ágil, transparente y orientada al ciudadano. Los elementos de una transformación de la gestión pública incluyen un gobierno digital y tecnológico; gestión centrada en el ciudadano; simplificación administrativa; servicio civil meritocrático; presupuesto por resultados; transparencia y rendición de cuentas; todo este proceso orientado a fortalecer la confianza ciudadana en las instituciones y mejorar la gobernabilidad.

En este marco, al sector agropecuario se le debe dar una atención estratégica prioritaria. La agricultura, la ganadería y el sistema financiero agrícola del Estado, particularmente BANADESA, han sido víctimas recurrentes de crisis mal atendidas y políticas inconclusas.

El presidente Nasry Juan Asfura y el ministro de Agricultura y Ganadería, Moisés Abraham Molina, tienen el desafío de remover los obstáculos del agro hondureño como el acceso limitado al crédito, alta vulnerabilidad climática, deficiente infraestructura de riego, débil asociatividad, poca o nula investigación agropecuaria y extensión rural, baja incorporación técnica y tecnológica , altos costos de insumos, inseguridad jurídica de la tierra y una peligrosa concentración productiva en pocos cultivos que limita la diversificación.

Honduras ha soñado por generaciones con prosperidad, con graneros llenos y campos poblados de ganado en abundancia. Lograr este sueño exige voluntad política, instituciones fuertes, decisiones técnicas responsables y una visión de largo plazo. Queda Planteado.

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