En sociedades como las nuestras existe la costumbre de ver a los políticos como si fueran celebridades: rodeados de cámaras, envueltos en polémicas y con una tendencia marcada a celebrarles todo lo que hacen. Sin embargo, es necesario comprender que ese enfoque es un error.
La política es la ciencia que busca garantizar el bienestar común en una sociedad. Cuando una persona pasa a formar parte de la administración pública, asume la responsabilidad de servir; se convierte en facilitador de las necesidades de la ciudadanía. Por ello se les denomina servidores públicos. No obstante, en muchos casos estos terminan sirviéndose del Estado, en lugar de cumplir con sus responsabilidades hacia Honduras.
Con el paso del tiempo, se percibe una degradación de la élite política del país. La corrupción ha distorsionado la finalidad de los gobiernos y de la administración pública, al punto de que llegar al poder parece ser el objetivo final para aprovechar los cuatro años de gestión. Existen casos de personas que transforman su vida y la de sus descendientes tras ocupar un cargo público. Surge entonces una pregunta inevitable: ¿y el pueblo hondureño? Con frecuencia queda relegado a un segundo plano.
Para muchos políticos, lo importante es obtener el voto para llegar al poder; una vez dentro, se priorizan acciones que aparenten resultados, más que soluciones reales. En este contexto, algunos optan por la polémica y el espectáculo para mantenerse vigentes de cara a futuros procesos electorales.
Los diputados, por ejemplo, son electos para legislar. Sin embargo, es común observar que realizan múltiples actividades ajenas a esa función. Parte de esta problemática también recae en la ciudadanía, que ha permitido colocar a los políticos en un pedestal que no les corresponde. Y no, no es fomentar odio o división entre la ciudadanía y los políticos, evidentemente hay un descontento hacía la élite política del país, pero el punto central es que debemos exigirles, finalmente ellos son empleados nuestros, por ende, deben tener obligaciones y responsabilidades para con nosotros, tomando en consideración que reciben salarios por esta prestación de servicios y en muchos casos, reciben sus salarios sin hacer nada a favor del pueblo hondureño.
Nuestra forma de exigir no debe ser únicamente por afinidad partidaria, me he fijado que muchos cuando su partido político es gobierno, dejan de ser críticos y todo lo ven bien, pero cuando su partido pasa a la llanura, si se vuelven críticos. Debemos ser exigentes sin importar quien gobierne.
Un cartero no celebra la entrega de una carta; un cajero no festeja atender a un cliente; un taxista no conmemora haber completado un viaje. De la misma manera, no corresponde celebrar aquello que los políticos hacen en cumplimiento de su deber. Son servidores públicos, no celebridades.