El poder lleva a la corrupción

Ciertamente esta afirmación no es nueva. De hecho, casi de manera permanente brotan casos de personajes o instituciones poderosas que abusan de su posición dominante y aprovechan las circunstancias y coyunturas para beneficio propio, por más que estén en el cargo para servir... ¡y no para servirse!

  • Actualizado: 31 de julio de 2026 a las 11:59

En el ya lejano 1887, el historiador británico y académico de la política, Lord Acton, dejó para la posteridad una frase que se ha confirmado, –una y otra vez– a lo largo de la historia: el poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente, y luego agregó: los grandes hombres son casi siempre hombres malos...

El mundo lo ha visto y confirmado de múltiples maneras. Ahora mismo estamos rodeados de casos emblemáticos que muestran que el poder y la corrupción van de la mano, con el agravante de que, a mayor cuota de poder, más grande es la capacidad de obtener riqueza por medio de la corrupción.

Dos escándalos estallaron en los últimos días como ejemplos de que Lord Acton tenía toda la razón y que, seguramente, reflexionó mucho para lanzar una frase tan contundente en las postrimerías del siglo XIX, con vigencia antes y mucho tiempo después. Sus palabras son confirmadas con hechos palpables.

El primero de estos escándalos es el que estalló en el entorno de Gustavo Petro, apenas unos días antes de que deba dejar la presidencia de Colombia. Y estamos hablando de un gobernante que no tenía en sus manos todo el poder. Su hijo fue detenido antes por lavado de activos y por haber recibido fondos del narco para la campaña presidencial de su padre. Pero la última bomba la hizo estallar nada menos que su exsecretaria privada, quien denunció varios nombramientos, evidentemente anómalos e interesados, mientras que la prensa empieza a destapar actos de corrupción que abarcaron su entorno más cercano.

Más impactante globalmente ha sido la bomba que estalló en torno a la poderosa FIFA, con un pasado marcado de corrupción en la medida en que su poder en el mundo del fútbol aumenta. La administración del todo poderoso Joseph Blatter quedó al desnudo cuando se supo la forma en que virtualmente se vendían las sedes de los mundiales. Varios nuevos ricos por sus cargos en la FIFA fueron perseguidos y encarcelados, mientras que el presidente Blatter se vio obligado a renunciar.

Le sustituyó en el cargo Gianni Infantino, quien prometió una nueva dirección para el ente rector del fútbol, pero muy pronto está envuelto en otro gran escándalo, por querer hacer un gigantesco negocio y privatizar –por decirlo de alguna manera– la Copa del Mundo. Apenas una semana antes se dio un caso que puede estar vinculado: el presidente Donald Trump solicitó a Infantino que desapareciera una tarjeta roja para beneficiar a Estados Unidos, y la FIFA accedió a su petición... ¿favor sin pago?

Para realizar esa privatización se pretende crear una especie de megaempresa que comercialice las copas del mundo y, para sorpresa de todos, el fondo que sería socio de la FIFA, está vinculado con la familia Kushner, emparentada políticamente con Trump... ¿casualidad?

Con lo que no contaba Infantino es que su poder no es absoluto, y la UEFA e incluso la CONCACAF, han salido a repudiar aquel negocio turbio

Por cierto, el mismo presidente Trump ha sido señalado por medios independientes –New York Times, Wal Street Journal y CNN, entre otros– de aprovechar su puesto en la Casa Blanca como un acelerador para su fortuna personal. Sus negocios con criptomonedas y sus inversiones en la bolsa de valores son cuestionadas por aprovechar las ventajas de ser presidente de la Nación más poderosa del mundo. En cualquier país latinoamericano esos hechos serían calificados de corrupción.

Petro nunca tuvo el poder absoluto, pero mostró una tendencia hacia la corrupción. Infantino –y antes Blatter– tiene mucho poder en la FIFA, y quisiera caminar hacia la corrupción absoluta. Donald Trump tiene todo el poder en su país –al menos hasta las elecciones legislativas de noviembre– y sus acciones en este campo son contundentes y absolutas.

Hay un común denominador entre quienes tienen poder y la corrupción. Habría que buscar mucho para encontrar alguna excepción. Pero la lista de los poderosos que han tenido todo el poder y se han corrompido absolutamente es larga y no tiene distingos ideológicos: Daniel Ortega, ese que anunció que no habrá más elecciones en Nicaragua, tiene los tentáculos familiares metidos en casi todas las actividades económicas: distribución de combustible, canales de televisión, telecomunicaciones y proyectos de infraestructura. Es decir, tiene un monopolio económico con el que nadie puede competir. Ni modo, esa es una de las causas para no convocar a elecciones.

Alberto Fujimori malversó cientos de millones de dólares en Perú, Augusto Pinoche amasó una fortuna multimillonaria durante su dictadura en Chile y lo mismo Cristina Fernández de Kirchner en Argentina. Algunos tuvieron el poder absoluto y se enriquecieron absolutamente. Otros tuvieron poder limitado, pero abusaron también del cargo.

Eso es América. En otras regiones del mundo, hay casos más escandalosos sobre enriquecimiento en base al poder.

No cabe duda: la frase de Lord Acton nos debe hacer reflexionar...

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