Después de la Segunda Guerra Mundial, la posición de la Iglesia Católica, en términos generales, ha estado en una constante lucha por la paz. En plena Guerra Fría, el papa Juan XXIII publicó la encíclica Pacen in Terris (1963), uno de los documentos más importantes sobre la paz. En ella afirmó que la paz solo puede construirse sobre la verdad, la justicia, el amor y la libertad, marcando un rumbo ético en medio de las tensiones nucleares de la época. La famosa “opción preferencial por los pobres” se gestó bajo la inspiración inicial de Juan XXIII, aunque fue consolidada y aprobada bajo el magisterio de varios pontífices.
Pablo VI, quien vivió los horrores de las dos guerras en Europa, promovió con vehemencia el diálogo internacional. En 1965 pronunció un histórico discurso ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU), con un llamado urgente: “¡Nunca más la guerra!”. Fue el primer papa en dirigirse a la ONU, lo que consolidó el papel de la Iglesia como actor moral en la diplomacia mundial.
Más adelante, Juan Pablo II, se opuso firmemente a todo tipo de guerras. Condenó la Guerra del Golfo y la invasión a Irak, defendiendo siempre el diálogo como camino para evitar los conflictos entre las naciones. Su voz se convirtió en referencia moral y política. Fue el primer papa en visitar Cuba, país donde pronunció su célebre frase: “Que Cuba se abra al mundo y que el mundo se abra a Cuba”. Después de casi tres décadas de aquella frase, Cuba se abrió al mundo y el mundo, excepto algunos países, en vez de abrirse, más bien le cerraron más el bloqueo, como lo está haciendo Estados Unidos en estos últimos tiempos. Bajo el liderazgo papal de Juan Pablo II durante la década de 1990, y con motivo del Gran Jubileo del año 2000, pidió una reducción o condonación de la deuda externa de las naciones más pobres.
En tiempos recientes, el papa Francisco reiteró con firmeza que “la guerra es siempre una derrota para la humanidad”. Promovió la fraternidad universal, el desarme y la diplomacia como instrumentos indispensables para la convivencia pacífica. Además, insistió en que la paz no puede reducirse a acuerdos políticos, sino que debe ser fruto de la justicia social, la solidaridad y el respeto a la dignidad humana.En un contexto amenazado por guerras y tensiones globales, el papa León XIV, se ha pronunciado en reiteradas ocasiones en favor de la paz y en contra de la guerra. “La violencia nunca es la opción correcta”. “La estabilidad y la paz no se construyen con amenazas ni con armas que siembran destrucción y muerte, sino solo mediante un diálogo razonable, auténtico y responsable.”, ha dicho el papa nacido en Estados UnidosEl papa León XIV lanzó un llamado a favor de la paz, afirmando que “no se puede creer en Jesús y promover la guerra”. Eso en alusión a quienes, en el mundo, empujan la guerra y fijen ser seguidores del Maestro de Galilea. “Sepulcros blanqueados” sentenció Jesús en Mt.23,27.