Me llama la atención que ahora en varios países latinoamericanos se habla de “estilo Bukele”, como una necesidad para llevar seguridad a la ciudadanía, aún a costa de sacrificar otras libertades y perder los principios fundamentales de cualquier democracia, como son el respeto al estado de Derecho, independencia de poderes, y alternancia en el poder, entre otros.
Ello me llevó a repasar una historia vivida en mi natal Guatemala, en donde se vivió una dictadura de casi 14 años (1931-1944), bajo la mano férrea de Jorge Ubico, un militar con botas de montar, quien fue depuesto por el propio pueblo –la Revolución de 1944–, cuando finalmente se entendió que no es un buen negocio cambiar orden por libertad.
Viendo las políticas y prácticas de Ubico y las que hoy en día lleva a cabo Nayib Bukele en El Salvador, encuentro que hay muchas similitudes, porque ambos lograron crear una especie de “culto a la seguridad” para llevar tranquilidad a las grandes mayorías, algo que sin duda tiene un valor importante y hasta vital, pero a un costo que tarde o temprano se paga.
Ubico impuso la llamada “ley fuga”, que consistía en una ejecución extrajudicial para delincuentes, pero también para opositores. Al igual que Bukele con su “régimen de excepción”, el militar guatemalteco logró lo que parecía imposible; que la gente pudiera caminar por las calles y dejar, incluso, las puertas de sus viviendas abiertas.
Ese ambiente de seguridad se siente hoy en día en El Salvador y no cabe duda: los salvadoreños lo aprecian, como lo demuestran las encuestas que dan una popularidad al joven mandatario de más del 80%. Ubico también se convirtió con su política de mano dura en un popular gobernante, mientras los opositores tenían que salir al exilio o enfrentar la radical “Ley Fuga”.
Lo malo del caso es que, en ambos casos, la justicia se vuelve unipersonal y poca importancia tiene el debido proceso. Además, se aprueban leyes “a la medida” para el castigo “merecido”... aunque quizás injusto. La limpieza social justifica cualquier acción, sin importar la preeminencia de la ley. El “sistema” en la Guatemala de antaño y El Salvador de hoy, se sustenta en una cooptación institucional, en la que los organismos de Justicia y el Organismo Legislativo se sujetan al poder ultra poderoso del gobernante.
Ubico no toleraba la disidencia en el Congreso y poco a poco fue depurando a los partidos políticos hasta estar rodeado de incondicionales, lo que facilitaba sus constantes reelecciones o consultas populares manipuladas para reformar la Constitución.
¿Copia o coincidencia? Seguramente no es una copia, pero si se pueden ver similitudes en todo. Bukele se apoderó primero del Legislativo y ahora lo controla plenamente tras la abrumadora victoria del oficialismo en las últimas elecciones. Ambos impulsaron políticas de “honradez” para promover su transparencia, aunque esta no sea siempre de fondo: Bukele libra supuestamente una “guerra contra la corrupción”; Ubico impulsó una “Ley de Probidad”, aunque no haya fiscales o jueces que puedan investigar cualquier anomalía en el manejo del erario.
Hay algún parecido adicional. La criminalización es un arma poderosa usada por los dos gobernantes. Ubico creó la “tarjeta del jornalero” y aprobó la “Ley de la Vagancia”, dos herramientas para promover, supuestamente “orden y progreso”, pero en realidad, era el Estado el que decidía a quien perseguir por violaciones reales o ficticias.
Bukele ha impuesto un estado de excepción permanente, en el que, otra vez, el Estado es el que decide a quien persigue y captura, sin que de por medio se pueda establecer si hay actos de violencia provocados por los detenidos, sean o no pandilleros. El tatuaje es la prueba de “apariencia” suficiente en muchos casos.
No me cabe duda de que la seguridad es una especie de “narcótico” para los pueblos. Bajo Ubico, los llamados “jefes políticos” decidían el destino del “vago” sin juicio o, al menos, no uno justo. Bajo la política de Bukele, los juicios de audiencias masivas de acusados, hacen imposible que se respete el debido proceso y haya una defensa real de los implicados.
Ubico demostró que una población con miedo está dispuesta a sacrificar sus libertades, con tal que el “orden” impere. Bukele ha redescubierto esa fórmula, sustituyendo el látigo de las fincas por el aislamiento en celdas de concreto. Y su mayor obra es la construcción de una mega cárcel que presenta como ejemplo de eficiencia y cumplimiento de sus promesas.
Hay muchos cambios de gobierno recientes –Honduras, Costa Rica, Ecuador, Chile y próximamente Perú–, y ya se sienten los vientos con intención de seguir el “estilo Bukele”. Ahora se sabe que, como el presidente salvadoreño, se encuentra a un gran aliado en las redes sociales, esas que pueden dirigir el sentir de las personas... La pregunta es: ¿Vale la pena seguridad por libertades?