El Congreso Nacional con más “likes” que leyes

"Si preguntamos al ciudadano cuáles son sus principales problemas, es seguro que hablará del desempleo asfixiante, la inseguridad imparable"

  • Actualizado: 13 de marzo de 2026 a las 00:00

No faltó mucho tiempo para que todos notaran que el Congreso Nacional se ha reinventado, no en una institución seria y confiable que se ocupe de nuestra equidad y desarrollo, sino en una gran plataforma digital donde los diputados -algunos “influencers” reciclados- se exhiben sin pudor y sin temor al ridículo, solo en busca de interacciones o, mejor dicho por ellos, “engagement”.

Casi estaba cantado, solo con ver las planillas para diputados de todos los partidos políticos, que incluían a figuretes del espectro digital -que se hicieron famosillos publicando disparates y naderías, y cuyos méritos y virtudes se medían por el número de seguidores-, era ya un mal presagio.

Es preciso reconocer que no todos los creadores de contenido y los “influencers” son superfluos, narcisistas y de pocas luces. En las redes hay mucha gente valiosa que hace un aporte inestimable a la cultura, la educación y hasta el entretenimiento inteligente. Para nuestro infortunio, al Congreso llegaron los fachentos, banales y de intelecto económico.

¿Ha visto lo que se discutió en el Congreso en casi dos meses? Por favor. Que si van a comer baleadas, si usan gorras o no, que dan balidos como cabras; hasta asuntos más serios y preocupantes, como un desvergonzado que se burla del despido de empleados, y otra que arremete ignorante contra la imagen de Berta Cáceres; otro que propuso leer la Biblia a la fuerza o quien quiere reducir la edad punible sin considerar los compromisos de Honduras y todo eso.

Lo grave, lo terrible es que mientras los diputados digitales se divierten improvisando un “live” para Facebook desde el hemiciclo del Legislativo o haciendo un “feed” para TikTok; otros más jugados e inescrupulosos aprovechan para hacer sus negocios y pagar con decretos los favores que les dieron los cargos. Desde luego, hay buenos congresistas, pero apenas se notan.

Durante varios años me tocó cubrir el Congreso y tenía muy poco que ver con este espectáculo mediocre e insustancial que vemos ahora. Claro que había bandidos, irregularidades y algunas cosas más, pero no podemos quitar que muchos diputados tenían talento y conocimientos que enriquecían las discusiones, los debates abundaban en argumentos, no en insultos y acusaciones como los presentes.

Si preguntamos al ciudadano cuáles son sus principales problemas, es seguro que hablará del desempleo asfixiante, la inseguridad imparable, los precios de los alimentos incontenibles, la vivienda inalcanzable, muy lejos de las ocurrencias virales y las poses ensayadas de estos diputados que usan el salón legislativo para conseguir “likes” más que para legislar.

El punto es que estos faranduleros diputados tienen grandes salarios, más otros privilegios que la numerosa y exagerada junta directiva les ha otorgado, que no son más que un derroche, un desperdicio de los recursos de un poder del Estado transformado en un “reality show”.

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