El 8 de diciembre de 1965, en la clausura del magno Concilio Ecuménico Vaticano II (1962-1965) el papa san Pablo VI pronunció un “Mensaje a las mujeres” cristianas y no cristianas, casadas, solteras o consagradas, poniendo de relieve la importancia de su labor para el bien de la sociedad y, en concreto, para el mantenimiento de la paz en el mundo. Son muy conocidas las siguientes palabras de este mensaje: “Llega la hora, ha llegado la hora, en que la vocación de la mujer se cumple en plenitud, la hora en la que la mujer adquiere en el mundo una influencia, un alcance, un poder jamás alcanzado hasta ahora”.
El texto del mensaje que se sintetiza en once párrafos es un documento histórico que reconoce la dignidad, igualdad innata y la misión esencial de la mujer en la Iglesia y el mundo, llamándolas a “salvar la paz” y transformar la sociedad con su influencia. Con este documento puede decirse que la Iglesia afirma por primera vez y de manera oficial que la mujer desempeña un papel insustituible en la buena marcha de la humanidad.
La mirada retrospectiva a la historia del cristianismo nos revela con claridad que no existe imagen de Dios sin feminidad; que no hay Iglesia (Pueblo de Dios) sin la laicidad femenina y masculina; e incluso, que la santidad en el mundo no podrá ser reflejo de la santidad de Dios si no incluye el modelo de santidad de la mujer. No en vano, María de Nazaret es el modelo primero en el camino de la santidad.
En la enseñanza de los tres últimos pontífices podemos ver el esfuerzo que han puesto para que la mujer sea respetada en su dignidad y pueda enriquecer el mundo con su genio, término acuñado por san Juan Pablo II, que se repite en la catequesis de Benedicto XVI y SS Francisco.
El papa san Juan Pablo II (1978-2005) publicó tres textos. El primero, la exhortación apostólica Familiaris Consortio (1981) que le presta gran atención en plano de total igualdad y corresponsabilidad en los asuntos que atañen a la familia. El segundo, la carta apostólica Mulieris Dignitatem (1988), el primer documento del magisterio pontificio dedicado íntegramente a la mujer, a su dignidad y a su vocación, en la que se pone de relieve su derecho a realizar plenamente su personalidad femenina desde la originalidad que la distingue del varón. En dos ocasiones Mulieris Dignitatem se refiere al «genio femenino» para instar a todos a reconocerlo y valorizarlo en beneficio de la Iglesia y de la humanidad. El tercer documento es la “Carta a las mujeres” (1995) donde el papa insiste en que el «genio» de la mujer es parte del preciso proyecto de Dios, por lo que reclama para ella un mayor espacio, tanto en el conjunto de la vida como en la eclesial, tomando como referencia máxima a María.
Los años del pontificado de Benedicto XVI (2005-2013) estuvieron marcados por una gran apertura hacia las mujeres. Es con él que la presencia femenina en el Vaticano, especialmente en la Secretaría de Estado, aumentó en número y se hizo más cualificada. Y es con él que las mujeres entraron en un ámbito hasta entonces excluido, el de la comunicación.
Todo este rico magisterio fue recogido por el papa Francisco (2013-2025), que da a toda esta doctrina un decidido empuje, acorde con un estilo pastoral diferente y propio. Desde el inicio de su pontificado propone una nueva evangelización en la que ha de estar presente, con fuerza, la sensibilidad de la mujer. En la Evangelii Gaudium (2013), reconoce claramente “el indispensable aporte de la mujer en la sociedad, con una sensibilidad, una intuición y unas capacidades peculiares que suelen ser más propias de las mujeres que de los varones”.
Para el papa Francisco, la Iglesia es siempre femenina, es mujer, es la madre que se preocupa, que da vida, es la protagonista de la historia, es la que crea el cambio. Con Francisco se produjo un cambio de ritmo significativo que, sin modificar la doctrina sobre los ministerios ordenados, introdujo cambios concretos y abrió nuevas perspectivas. Francisco nombró a mujeres laicas en puestos de responsabilidad nunca antes confiados a mujeres. Su pontificado representó un intento de cambiar el estilo de liderazgo y dar mayor voz y espacio a las mujeres en los procesos de toma de decisiones de la Iglesia. Esto contribuyó mucho a una visibilización de las mujeres en lo que es el rostro de la Iglesia.
En definitiva, es pertinente determinar si se cruzó el umbral de "la hora decisiva de las mujeres». En esta línea, las Pastorales de la Mujer son las más indicadas para configurar una panorámica en clave de "corresponsabilidad, participación y comunión" derivado del Mensaje a las Mujeres.