Demagogia y populismo hídrico

Tegucigalpa no es solo una capital de cerros empinados; es el reflejo de décadas de abandono institucional

  • Actualizado: 08 de junio de 2026 a las 00:00

Tegucigalpa no es solo una capital de cerros empinados; es el reflejo de décadas de abandono institucional. A las puertas de cumplir 448 años de existencia, la ciudad continúa enfrentando una paradoja trágica: vive entre racionamientos de agua, mientras generaciones de administradores, alcaldes y políticos han sido incapaces de resolver uno de sus problemas más elementales. La crisis del agua es un crimen político cometido por un círculo de funcionarios que han hecho del desabastecimiento su negocio y de la sed ajena su principal mina de votos.

La receta ha sido siempre la misma: demagogia y populismo hídrico. Promesas de represas, ampliaciones de redes y proyectos de distribución que reaparecen en cada campaña electoral para desaparecer una vez contados los votos. Mientras tanto, miles de familias en barrios y colonias dependen de racionamientos extremos o del negocio de los camiones cisterna, y pagan precios excesivos por un servicio que debería estar garantizado por el Estado.

Resulta inadmisible que Tegucigalpa lleve décadas sabiendo que sus fuentes de abastecimiento son insuficientes. Las represas Los Laureles y La Concepción ya no pueden seguir sosteniendo un crecimiento poblacional que exige nuevas inversiones; aun así, los gobiernos municipales se han lucrado con la gestión pública, usando el presupuesto para el pavimento electoral mientras entierran la inversión humana en el subsuelo.Romper este ciclo exige abandonar las soluciones de corto plazo y asumir decisiones estructurales. La construcción de nuevas represas como El Naranjal y Jacaleapa, o la reactivación del proyecto Guacerique II, deben convertirse en una prioridad nacional. Estas obras no pueden seguir siendo promesas de campaña; deben convertirse en proyectos de Estado con veeduría ciudadana y financiamiento internacional blindado contra la corrupción.También urge la reestructuración total de la red de distribución. Se estima que casi el 40% del agua potable de Tegucigalpa se pierde antes de llegar a los hogares debido a fugas en tuberías obsoletas y conexiones ilegales toleradas por la pasividad institucional. Se requiere una inversión masiva para sustituir la red de conducción del casco urbano y las periferias, implementando sistemas de sectorización hidrométrica (medición precisa de flujos) para detener el desperdicio del escaso líquido.

También es indispensable despolitizar la gestión del agua. Un recurso tan necesario para la vida y el desarrollo no puede seguir administrándose bajo criterios electorales o como botín partidario. La planificación, operación e inversión deben estar guiadas por criterios técnicos, metas verificables y mecanismos permanentes de rendición de cuentas.La historia de Tegucigalpa no puede seguir escribiéndose entre racionamientos y promesas incumplidas. Ya es momento de que se marque el inicio de una transformación real, y no la conmemoración de un problema que, durante años, ninguna generación de gobernantes locales ha querido resolver.

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