La incertidumbre y desconfianza derivadas de las irregularidades ocurridas en las elecciones primarias del nueve de marzo -las que aún no han sido aclaradas por el Ministerio Público- se han exacerbado con las recientes declaraciones de la comisionada presidenta del Consejo Nacional Electoral (CNE), al afirmar la imposibilidad de las elecciones generales debido a limitaciones presupuestarias y la escasez de personal en áreas clave; declaraciones insólitas y delicadas que, aunque fueren reales, conviene para tranquilidad y confianza del pueblo se mantuvieran en el interior institucional buscando resolverlas.
La escalofriante declaración lleva una paradoja incorporada, pues por un lado manifestó con contundencia que actualmente no existe la capacidad de realizar elecciones generales y concomitantemente asegura que se realizarán como está programado, en noviembre del presente año.
El doble rasero de la narrativa genera fuertes suspicacias; pues, o en realidad hay problemas internos administrativos que ponen en peligro el proceso electoral o responde a una estrategia política partidaria para cuestionar anticipadamente los resultados electorales en caso de pérdida del partido más votado en las elecciones primarias; reflejo del ambiente de polarización y confrontación política que hoy exhiben los partidos en contienda y nos toca a los ciudadanos vivirlo y soportarlo.
La afirmación de la comisionada presidenta, que parece no ser avalada por su compañero y compañera, ha venido a envenenar aún más el ambiente político, donde predomina el irrespeto, la mentira, la difamación, el insulto personal, la descalificación y la manipulación colectiva; si esa es la atmósfera que viviremos en los próximos meses una vez que se convoque a elecciones generales, podemos anticipar que tal campaña traerá violencia inusitada.
Es una oportunidad y responsabilidad patriótica para los partidos políticos, medios de comunicación, empresarios, sindicatos, gremios e iglesias influir para que se elimine el discurso violento de los políticos por uno más constructivo y esperanzador; sustituir la maledicencia por propuestas de gobierno realistas y ejecutables sobre los problemas álgidos que vive la nación como el desempleo, la violencia, la migración, salud, educación, energía, derechos humanos, política exterior, etc.
Los resultados de las elecciones primarias deben observarse con cautela y sin triunfalismos para ningún partido; la competencia electoral será cerrada por tanto muy intensa.
Si eso se prevé, la población debe exigir a los candidatos debates propositivos para estimular el voto consciente e informado y al CNE un proceso electoral ordenado, honesto y pacífico.