Cuando cayó la Unión Soviética, hubo la creencia que nos encaminábamos hacia un mundo de paz, considerando que uno de los factores que empujaba la contradicción que dividía a la sociedad había desaparecido. Pasamos de un mundo bipolar a un mundo unipolar. Muchos intelectuales pensaron en el dominio de un pensamiento único.
Después de tres décadas del derrumbe del llamado socialismo real, con consecuencias casi de muerte para la utopía, la situación de la humanidad, antes que mejorar, ha empeorado. Desapareció el Pacto de Varsovia, que era una alianza militar de los países aliados de la antigua Unión Soviética, pero no desapareció la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), que es el bloque militar encabezado por Estados Unidos. La arquitectura económica rapaz dominante, surgida de la Revolución Industrial, no desapareció.
El desplome de la Unión Soviética fue catastrófico y quedaron muchos temas sin resolver. Algunas naciones de aquel bloque cayeron bajo la influencia de Estados Unidos y de los países europeos y, en consecuencia, pasaron a formar parte de la OTAN. El conflicto que vive Rusia con Ucrania en este momento es la pretensión de convertir en miembros del bloque militar a ese país y a otros como Finlandia y Suecia, para que el cerco contra Rusia quede completo. Ahí surgen los temores de los dirigentes rusos, que, al estar frente a un Estado multinacional, se concreticen las pretensiones de balcanizarlo.
Los miembros de la OTAN están volcando todos sus esfuerzos a la guerra, esfuerzos que incluso los están exponiendo a su propio debilitamiento económico; con altos niveles de inflación y agotamiento de algunos servicios públicos, con capacidad de trasladar esas dificultades a otros países no involucrados en la guerra.
Estados Unidos, hasta estos días, ha proporcionado ayuda militar a Ucrania, en el marco de la guerra, por unos 17 mil millones de dólares, más una asistencia aprobada en el Senado que está en proceso de transferencia por 40 mil millones de dólares.
Es contradictorio que mientras se apoya sin límites y se liberan enormes recursos para la guerra, los programas de asistencia a los migrantes del Triángulo Norte de Centroamérica, a pesar de haber sido un tema de campaña electoral, se desatiendan por parte de la administración Baiden.
Todo el entusiasmo generado a partir de la visita de altos funcionarios de los Estados Unidos a Honduras, Guatemala y El Salvador haciendo promesas de ayuda financiera y promoviendo las inversiones en estos países ha quedado abandonado. La misma promesa de introducir leyes para favorecer una migración ordenada quedó en el discurso.
En el tema migratorio, Estados Unidos ha expulsado de su territorio, en el transcurso de 2022, unos 30,000 hondureños, en cambio, se prepara para recibir a unos 100,000 ucranianos, de los cuales ya están en la nación del norte unos 70,000 mil ciudadanos de ese país.
No hay ni la menor duda de que los problemas migratorios y las causas que los producen siguen viéndose bajo la óptica de factores ideológicos o por guerras que tienen que ver con los intereses de las grandes potencias.