¿Concursantes de belleza o embajadoras?

Si se aprovecha con una visión estratégica, una participante puede convertirse en una auténtica embajadora de su nación y un concurso de belleza en una eficaz vitrina de país.

  • Actualizado: 17 de julio de 2026 a las 14:38

Por: Eily Morales, licenciada en Relaciones Internacionales .

Los concursos de belleza cada día son más importantes. Las mujeres no solo podemos ser admiradas por nuestra belleza, sino también por nuestro impacto positivo dentro de la sociedad y en la proyección de una marca país a escala internacional.

Cuando una representante participa en los diferentes certámenes de belleza que se organizan en el exterior, no solo compite por un título: también actúa como embajadora de su país, ejerciendo una suerte de soft power (poder blando) que mejora la imagen pública, promueve el turismo y cumple un rol de liderazgo social. Tal como ocurre con un Mundial de Fútbol, que posiciona a países y jugadores poco conocidos en el escenario internacional, una miss también puede lograr ese impacto si destaca en este tipo de certámenes.

Poco o nada se habla de cómo los concursos de belleza captan la atención internacional y de cómo algunos países han sabido aprovecharlos. Un ejemplo fue el Miss Universe 2023 en El Salvador: el gobierno del presidente Nayib Bukele aprovechó el evento para promover ante el mundo el turismo, la cultura salvadoreña y su gastronomía, incluidas las pupusas. Todas las candidatas y sus acompañantes experimentaron de primera mano la cultura del país, llevándose consigo la imagen de El Salvador como un destino al que vale la pena regresar para visitar e invertir.

Un detalle interesante fue que una candidata centroamericana, Sheynnis Palacios, ganó la corona en ese certamen. La joven nicaragüense despertó un enorme interés mediático y, además de su sencillez y belleza, puso nuevamente sobre la mesa la situación política interna de su país. Posteriormente, el Gobierno de Nicaragua le prohibió regresar, lo que incrementó el interés internacional por conocer las razones de esa decisión.

Estas actividades suelen ocupar las páginas de espectáculos, pero no deberían percibirse únicamente como frívolos eventos de belleza. También pueden entenderse como herramientas con potencial para fortalecer la estrategia de política exterior de un Estado. Los concursos de belleza pueden aprovecharse mejor para atraer la mirada del mundo hacia las distintas fortalezas que un país tiene para ofrecer a diversos públicos, como turistas, inversionistas y aliados.

Una candidata no solo se representa a sí misma: porta la bandera de su país y puede proyectar, en cada espacio de interacción presencial y digital, un discurso acompañado de diversos recursos multimedia —como fotografías y videos promocionales— capaces de despertar el interés de distintas audiencias por conocer e involucrarse con la nación que representa. Incluso un elemento ornamental, como un traje típico o tradicional, se convierte en una oportunidad para mostrar el patrimonio cultural y fortalecer la identidad nacional ante una audiencia internacional.

Si se aprovecha con una visión estratégica, una participante puede convertirse en una auténtica embajadora de su nación y un concurso de belleza en una eficaz vitrina de país. Ya hay concursantes que así lo han asumido... y audaces gobernantes también.

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