Desde hace un tiempo es descorazonador revisar las planillas de los cargos a elección popular, no importa el partido político; se va uno deslizando por las fotografías y los nombres en curiosas papeletas -digamos para diputados- y nos deja un registro de encontradas emociones con cada imagen: sorpresa, indignación, enojo, decepción, risa, y solo de vez en cuando un asentimiento.
Tampoco es para anotarse entre los que abanderan que el Congreso Nacional tienen que integrarlo expertos universitarios, cum laude: doctores, másteres, abogados, intelectuales, científicos, que al final solo legislarían para sus propios intereses.
La idea es que en la asamblea nacional estén todos los sectores, lo mejor de cada casa: profesionales, obreros, campesinos, empresarios, etnias, grupos sociales, gremios, etcétera, ¡pero con un poco de cabeza, por favor!
Los dueños de los partidos políticos y los que se creen dueños han encontrado un filón para explotar en algunas personas que -bien o mal- han ganado notoriedad pública, y les ofrecen los puestos que no conocen, para los que no estás capacitados, vamos, que no tienen ni remota idea de qué se trata.
No es una improvisación, incluir a famosillos en las planillas tiene un cálculo perverso, porque a sabiendas, los dirigentes de los partidos no piensan en las consecuencias de nombrar a incompetentes en cargos de altísima responsabilidad; solo quieren sumar los votos, que en nuestro sistema electivo de cociente electoral les permiten tener más puestos en el Congreso.
Así que una agraciada jovencita, que con poca ropa y mucha voluptuosidad consigue cientos de miles de seguidores en redes sociales; o un efusivo muchacho, cuyas insolentes publicaciones logran muchos “likes”; esos que llaman “influencers”, aunque no influyan en nada -seguidos por necios y desocupados- también son apetecidos por los politiqueros.
Y que no aparezca un comediante o un payaso ganando público en televisión, o cualquier bocazas despotricando, y con disparates que ganan adeptos, porque ya los estrategas de la politiquería quieren conseguir su número de teléfono; y ni digamos el de pastores evangélicos, que antes de abrir las puertas del cielo pretenden probar con las del Congreso.
Ahora, los fichajes más apetecidos de los políticos son los futbolistas: porteros, defensas, interiores y delanteros; el fútbol total, defensa y ataque, para clasificar en las urnas. Conocemos a algunos de ellos, podrían sorprendernos con un golazo, pero con la mayoría perderemos el partido sin tocar el balón.
Desde luego que en esos listados para las elecciones del domingo también hay gente valiosa, con talento, conocimiento y decencia, en los tres partidos que participan; aunque tratándose de primarias solo podremos votar en uno. Ojalá salieran los mejores candidatos y que para las generales de noviembre nos costara decidirnos entre tantos buenos. Soñar no cuesta nada.