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La reforma electoral que se propone, la de elecciones presidenciales y de corporaciones municipales en la misma fecha y la de diputados en jornada diferente, a mitad de gobierno, asegura el alcance de objetivos superiores, interés de nación.

  • Actualizado: 06 de noviembre de 2026 a las 21:33

La democracia no puede funcionar para asegurar conveniencias partidarias o las de los titulares de los cargos públicos. El objetivo debe ser muy superior: interés de nación. La democracia debe organizarse para beneficiar al pueblo. A la persona humana, como se afirma en nuestra Carta Magna.

La reforma electoral que se propone, la de elecciones presidenciales y de corporaciones municipales en la misma fecha y la de diputados en jornada diferente, a mitad de gobierno, asegura el alcance de objetivos superiores, interés de nación. Separación, con profunda lógica democrática y volviendo alcanzable la hasta hoy ilusoria disposición jurídica, separación de poderes.

Finalmente, para conveniencia de la hondureñidad, tendríamos poderes “independientes y complementarios”. Los diputados tendrían que responder directamente a sus electores y no al arrastre de la candidatura presidencial o de las de alcaldes.

El Poder Legislativo, para ganancia de la Patria, ejercería con autonomía su función de representar, fiscalizar, legislar y controlar el poder. Uno de los cuatro pilares del Estado de derecho, la separación de poderes, ya no sería solo una declaración constitucional casi sin efectividad, sino una condición electoral que la haría efectiva.

No es válido argumentar en contra que los diputados dependen de la estructura político-electoral de candidatos presidenciales y de alcaldes para el día de las elecciones. Ese es un desafío a asumir: las estructuras partidarias deben consolidarse y funcionar en todo tiempo y elección. La contribución de liderazgos, dirigencias y capacidad de movilización debe afinarse a diario en la organización partidaria. Como correligionarios, habría ánimo de contribuir a los triunfos en los tres niveles electivos y propiciar las alianzas necesarias.

Y menos es argumento que las elecciones de alcaldes sean en la misma fecha de las de diputados, para que permanezcan dos años más en sus cargos sin incidencia alguna en el fortalecimiento del Estado de derecho. Solo porque sí.

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