Alegorías del subdesarrollo

Por el elevado número de alambradas que algunos soportan, supuse que no existe regulación que señale un límite.

  • Actualizado: 14 de agosto de 2026 a las 00:00

Un día de estos que camine por aceras o calles de las ciudades del país, levante la vista -con mucho cuidado para no caer en una zanja sin cerrar- y observe cualquier poste de alumbrado eléctrico. Cuente los cables fijados al pilote. Si pudo hacerlo, repita el ejercicio con alguno en una de las vías principales. Es casi imposible por la gran cantidad de alambres para transmisión de energía eléctrica, señal telefónica y TV por cable que se acumulan en lo alto de las enormes estacas.

Por el elevado número de alambradas que algunos soportan, supuse que no existe regulación que señale un límite. Un amigo me lo confirmó, indicándome que esa ausencia se suple con la práctica que poseen los trabajadores de las distintas empresas, quienes ya han “aprendido” a amontonar los cables y a contrarrestar el exceso de peso con anclajes y artilugios apropiados.Dirija ahora su atención al nivel del piso. Ahí muy probablemente estará la ubicua zanja o bache, en la que espero usted no haya caído. Si no se trata de desgaste o una reparación, el agujero se ha abierto para instalar tubería de agua potable o servida, rompiendo una vía o banqueta ya terminada. Con suerte, el “uraco” fue reparado al poco tiempo y con el mismo material con que había sido construida la vereda, aunque lo más probable es que permanezca abierto por días o semanas adicionales, atentando contra la seguridad (y vida) de los transeúntes y sus vehículos.

Las anteriores son pequeñas evidencias de esa perenne ausencia de regulación y planificación que caracterizan nuestro subdesarrollo. Están por doquier y no forman parte de las estadísticas oficiales o de investigaciones independientes nacionales y extranjeras.

En las ciudades de otros mundos, el cableado corre bajo el suelo, ordenadamente y con estrictas normas de seguridad. A sus autoridades no se les ocurriría destruir una obra ya construida para instalar tubería que bien pudo colocarse ahí antes de hacerla, mucho menos dejar de reparar el daño que produjeron en una vía pública por necesidad. Si nuestras instituciones públicas permiten tal desorden en pequeños detalles que están a la vista de todos, ¿qué podría esperarse en aspectos más importantes y vitales?Las tragedias pueden evitarse. Las obras civiles que se efectúan deben llenar formalidades en oficinas (como los permisos de construcción y tasas municipales), que no satisfacen exigencias de seguridad, mucho menos de supervisión técnica. Derrumbes de muros de contención se ven en colonias de alto y bajo nivel económico. Persisten las construcciones en zonas de riesgo y la carencia de alternativas para los afectados. A veces pareciera que solo se está a la espera de que la próxima tormenta no “joda” mucho.

Los postes y hoyos de nuestras ciudades son verdaderas alegorías del subdesarrollo en que vivimos. Los primeros están saturados con cables, al igual que se llenan de palabras las bocas de adláteres y achichincles; los otros siguen ahí y solo se tapan por encimita y con varios colores, cada cuatro, ocho y doce años.

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