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Los primeros cien días de la administración Asfura son la oportunidad para revisar el rumbo y hacer los cambios pertinentes.

  • Actualizado: 08 de mayo de 2026 a las 23:01

A 100 días de iniciado, todo gobierno exige evaluación. No para destruir sino para corregir. No para alimentar el pesimismo sino para evitar que Honduras continúe atrapada en las frustraciones.

Los primeros cien días de la administración Asfura son la oportunidad para revisar el rumbo y hacer los cambios pertinentes. El país viene de una administración caótica del PLR, marcada por pésima gerencia pública: incapacidad, improvisación, confrontación permanente y latrocinio.

Este gobierno tiene la obligación histórica y moral de marcar una diferencia profunda y visible.

Honduras necesita recuperar la confianza en la capacidad de gobernar con eficiencia y transparencia. Se ha mostrado voluntad pero es innegable que existen ministerios y dependencias con conducción inadecuada. Conocer un tema no asegura tener capacidad gerencial para implementar planes operativos. Peor si no se conoce.

El Estado requiere funcionarios que sepan administrar equipos, ejecutar políticas públicas, resolver problemas y producir resultados medibles. Gobernar no es saldar deudas afectivas. La amistad no puede ser criterio para nombrar funcionarios. Si fue considerada para alguna asignación, no puede serlo para mantener a alguien cuya ineficiencia perjudica nuestro país. Nunca puede sostenerse la incompetencia, ni en los propias empresas, menos en la ajena, la de todos, la administración pública. La lealtad a un presidente es ayudarle a lograr el éxito.

El presidente Asfura enfrenta desafíos enormes: reconstruir credibilidad, ordenar las instituciones y como él puede, administrarla con visión y responsabilidad. Debe evidenciar su determinación, valentía para rectificar, capacidad de escuchar críticas constructivas y, sobre todo, profundo amor por Honduras.

Los cien días no marcan sentencia definitiva, sino un punto de inflexión. Hay que corregir, fortalecer el gabinete, exigir resultados y encaminarnos al desarrollo. Hasta hay un Congreso Nacional que le apoya: siempre y cuando no se equivoque.

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