Bienvenidos al show donde las leyes de la física ahora requieren un plan de suscripción mensual. Ajusten sus pantallas, porque lo que está pasando con la ENEE no es una simple reforma administrativa; es el equivalente político a que tu mamá decida vender la estufa familiar en eBay, alquilarte los quemadores por separado a tres vecinos distintos y luego cobrarte una tarifa de «interconexión» cada vez que querás hervir agua para un café. A lo largo de la historia, los hombres con trajes demasiado caros han tenido un talento fascinante para agarrar cosas que le pertenecen a todo el mundo y ponerles un código de barras. En 1884, en la Conferencia de Berlín, un grupo de caballeros trazó líneas rectas sobre África para repartirse un continente entero como si fuera una pizza familiar. “Tú te quedas con el queso, yo con el pepperoni y Leopoldo de Bélgica con los bordes rellenos”. Fue una obra maestra de la logística imperialista: empaquetar lo que no es tuyo y cobrárselo al dueño original. Avancemos un siglo y medio. Un grupo de genios de la administración pública ha llegado a la conclusión de que la ENEE es demasiado grande para ser un servicio. Así que le aplicaron la gran fórmula de la felicidad corporativa: picarla en tres pedazos. Generación, Transmisión y Distribución. Tres reinos. Tres empresas internacionales que ahora son dueñas del concepto abstracto de que tus bombillos se enciendan. Diputranzas: ¡Pero si esto es competitividad! ¡Es el libre mercado trayendo eficiencia! Bufón de la Verdad: Don Diputranzas, si pido una hamburguesa y la carne es canadiense, el pan italiano y el queso español, cuando venga fría nadie va a responder... pero igual me van a cobrar el uso del plato. Lo fascinante de todo esto no es solo que vendan la empresa, sino cómo nos acostumbramos a que comercialicen lo básico. La electricidad no es un iPhone de última generación que podés decidir no comprar. La luz es, literalmente, lo que nos diferencia de comer carne cruda en una cueva huyendo de depredadores. Vender la red eléctrica por partes a capitales extranjeros no es privatizar un servicio: es cobrarle peaje al sol por salir en la mañana.
La gran subasta
A lo largo de la historia, los hombres con trajes demasiado caros han tenido un talento fascinante para agarrar cosas que le pertenecen a todo el mundo y ponerles un código de barra
- Actualizado: 04 de agosto de 2026 a las 00:00
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