¿Es la caída de Maduro el acta de defunción del Socialismo del Siglo XXI? La madrugada del 3 de enero de 2026 quedará marcada en los libros de historia, no solo como el fin de una era para Venezuela, sino como el posible colapso de un modelo que prometió redención y entregó ruina. La captura de Nicolás Maduro bajo la operación estadounidense “Resolución absoluta” no es solo un evento policial o militar; es un terremoto geopolítico que amenaza con derribar las últimas columnas del Socialismo del Siglo XXI.
Ese movimiento político, impulsado originalmente por Hugo Chávez, nunca fue solo una ideología; fue un sistema de subsidios cruzados y lealtades compradas por el petróleo. Maduro heredó la estructura, pero sin el carisma ni el flujo de caja de su predecesor. Con su captura, el pilar financiero y logístico de la izquierda radical en la región desaparece.
¿Es su fin? Si entendemos este socialismo como una red de Estados interdependientes, la respuesta es un rotundo sí. Sin el soporte de Caracas, el modelo pierde su centro de gravedad. Lo que queda no es un movimiento vibrante, sino un conjunto de regímenes aislados intentando sobrevivir al “efecto dominó”. La caída de Maduro deja a sus aliados en posiciones extremadamente vulnerables, aunque con reacciones distintas: para Cuba, Nicaragua, Colombia e incluso los partidos de izquierda como Libertad y Refundación en Honduras, la caída del referente venezolano debilita su peso político y envalentona a la oposición.
La captura de Maduro también redefine el papel de Estados Unidos en la región. Bajo la administración Trump, la implementación de lo que algunos analistas llaman la “doctrina Monroe” envía un mensaje escalofriante a cualquier líder que base su poder en el desafío abierto a Washington y el control social absoluto.