Si hay un tema en el cual el presidente Nasry Asfura deberá actuar como el Rey Salomón es en el referente a la justicia social agraria, que no es más que aplicar, en base a ley, el decreto de la Reforma Agraria de nuestro país (publicado en 1975), pero para eso debe depurar, primero, el Instituto Nacional Agrario, que en la actualidad -y desde la administración anterior- tiene en cargos de decisión, especialmente en la zona norte del país, a funcionarios de dudosa reputación que continúan actuando de forma corrupta, según lo han denunciado diferentes asociaciones de campesinos.
Y fueron precisamente ellos, miles y miles de ellos, los que apoyaron al candidato del Partido Nacional para que hoy esté sentado en la silla presidencial. Y es en su despacho que deberá citar a estos campesinos a la mayor brevedad, lo más recomendable antes de cumplir sus 100 días de gobierno, para demostrar que en su gobierno la gente del campo tienen las puertas abiertas y son bienvenidos para ser escuchadas de viva voz sus demandas y denuncias sobre sus necesidades y atropellos del que son objeto por parte de funcionarios del INA en la zona norte.
El presidente Nasry debe abrazarlos y extenderles su mano amiga tal cual lo hizo en su campaña, pues es un sector conformado por gente humilde y trabajadora que de sol a sol laboran diariamente la tierra de la cual sustentan a sus familias y son parte de la generación de empleo y la economía del país.
Antes de los 100 días el presidente, que regularmente se reúne con empresarios de altos quilates, debe ser equitativo y también escuchar a este sector que en la actualidad se siente vulnerable ante el acoso de funcionarios públicos que los maltratan y marginan. Será por eso que miles de hondureños abandonan su tierra y toman la desafortunada decisión de emigrar a los Estados Unidos. La mayoría que se marchan son de la zona norte.