Escribir como terapia ocupacional es uno de los placeres que me mantienen no solo ocupado, máxime al estar en condición de profesor jubilado, sino, además, interesado en contribuir con un granito de arena en la divulgación del pensamiento sobre una diversidad de temas vinculados con el orden social y político, más otros asuntos de interés general, como la amistad, el lenguaje inclusivo, la gente luminosa, el mundo en que vivimos y el don de la sabiduría.
Dicho esto, he puesto a disposición de parientes y amigos el último de mis libros, llamado “Huellas de un camino”, donde están presentes la familia, a la que considero el pilar fundamental de la sociedad; los principios y valores que deben guiar el buen comportamiento del individuo, buscando su desarrollo integral y su crecimiento personal; la convivencia humana, que busca identificar todos aquellos factores que sirvan de entendimiento y no solo priorizar los desacuerdos propios de cada quien.
También, en otros apartados, me refiero al camino de la fe y la espiritualidad. Sentimientos que nacieron en el hogar del cual provengo y se fortalecieron en mi educación secundaria como alumno de un Instituto católico. Así mismo abordo el estudio de la ciencia y el arte de la política. Materia de la que he sido un crítico permanente por la forma sucia y sesgada en que se practica a diario en nuestro país.
“Huellas de un camino” se completa con los capítulos referidos a la educación como factor de un desarrollo social sostenible, tal fue mi experiencia en la docencia universitaria. Más unas reflexiones en torno a lo acontecido en las últimas elecciones generales en el país; y varias otras que prestigian el tesoro de la salud, como un tesoro de valor incalculable. Sin dejar por fuera los chistes y chascarrillos que identifican el sentido positivo de la risoterapia como medicina.
Su santidad, el papa Francisco subrayaba que “si no se conserva el sentido del humor, es muy difícil ser feliz”; concluyendo con una reflexión donde destaco el privilegio de haber vivido.