Hace poco leí por ahí que el romanticismo se perdió cuando se inventaron fechas para dar regalos. Por otro lado, en los tiempos contemporáneos, las mujeres sienten que están siendo valoradas cuando pueden exhibir en sus estados de las distintas redes sociales que a ellas sí les regalaron las famosas flores amarillas, algo que empezó, al menos en el país, hace unos tres o cuatro años, una tendencia que, al parecer, llegó para quedarse, así como San Valentín, y que, en el fondo, no es más que puro comercio, pues quien en verdad conoce el amor y lo ve con los ojos del corazón se dará cuenta de que se ama todos los días, aunque no se den flores amarillas; que el amor se demuestra con aquellos gestos que, aunque parezcan pequeños, son significativos.
¿Es necesario que te regalen flores amarillas para que te sientas especial? Y aclaro, no estoy intentando decir por ningún motivo que los caballeros no debemos ser detallistas, pero para aquellos que viven un idilio intenso, pero nunca han vivido en un hogar, se darán cuenta de que muchas veces ese romance, en donde todo es color de rosa, es solo la ilusión en la etapa del enamoramiento, porque a veces las mujeres no entienden el lenguaje de los hombres.
Aunque, siendo ya tu pareja, no te regale flores amarillas, ese hombre, cuando te enfermas a medianoche, con todo el gusto se levanta y te prepara un té o, aunque no le guste cocinar, ese día hace la cena porque no te sientes bien, y en la vida cotidiana de pareja eso jamás podrá competir con las flores amarillas. Muy buen marketing, pero el amor que se basa en regalar bienes materiales se acostumbra a dar solo aquello que el dinero puede comprar. En resumen, el valor de una mujer no se lo dan los regalos que recibe, sino el lugar que ocupa en la vida de su pareja.