Fábula de la campiña

Un campesino, ya mayor, cansado de trabajar, decidió vender su pequeña cabaña y sus tierras. Pero no sabía cómo debía escribir el anuncio, así que le pidió consejo a un vecino, que era poeta

  • Actualizado: 30 de julio de 2026 a las 00:00

Un campesino, ya mayor, cansado de trabajar, decidió vender su pequeña cabaña y sus tierras. Pero no sabía cómo debía escribir el anuncio, así que le pidió consejo a un vecino, que era poeta. “Claro que te ayudaré, vecino. Deja que escriba yo el mensaje para que puedas vender con rapidez tus tierras”. El poeta le entregó al hombre al día siguiente una nota, con el texto que debía poner en el anuncio. Esta decía: “Vendo un pedacito de cielo, adornado con bellas flores y verdes árboles, hermosos prados y un cristalino río con el agua más pura que jamás hayan visto”. El campesino sonrió y el poeta se despidió de él deseándole suerte, pues debía partir por un tiempo. Pasados unos meses, el poeta regresó a la aldea y fue directo a la casa de su antiguo vecino. Le apetecía conocer a los nuevos inquilinos de esa preciosa casa. Pero, para su sorpresa, se encontró en ella al campesino: “Pero... ¿Cómo es que no te has ido? ¿No pudiste vender la casa?”, le preguntó. La verdad, es que no llegué a ponerla en venta. Al leer tu nota, me di cuenta de lo maravilloso que es el lugar en donde vivo. No creo que haya en el mundo ninguno mejor... Moraleja: “Tal vez, si fuéramos capaces de ver todo lo bonito que nos rodea, sin necesidad que ningún poeta nos lo diga, seríamos más felices y la vida nos parecería mucho más agradable. Porque, igual que el campesino de esta historia, que no era capaz de ver lo maravillosa que era su vida en ese lugar donde vivía, nos pasa a menudo que no vemos lo mejor de nuestra vida, por centrarnos en lo que nos gustaría tener y no tenemos, o en lo que tienen otros”. “La clave está en la gratitud: Nos cuesta ser agradecidos, valorar lo que tenemos y agradecerlo. Y eso nos empuja a creer, equivocadamente, que nos falta algo. Ese algo hace que sintamos un vacío, y busquemos fuera lo que ya tenemos. Si aprendemos a valorar las cosas sencillas, nos sentiremos mucho más plenos y felices. No hace falta conquistar la perfección. Pero sí, ser felices con nuestra imperfección, con nuestras flaquezas y con aquello que no tenemos”.

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