El privilegio de vivir (1/2)

Reflexión poética sobre la adultez y la vejez: tres cantos a la vida, la gratitud, la experiencia y el valor de vivir plenamente a cualquier edad

  • Actualizado: 06 de enero de 2026 a las 00:00

Me alentó escuchar las tres melodías, de autoría desconocida, que ahora comparto. Un canto victorioso a la vida, que encierra mucha poesía y filosofía, con dedicación a todas aquellas personas que, como yo, formamos parte de la edad adulta, la cual, viéndola en retrospectiva, ha discurrido como si se tratara de una cinta cinematográfica que, a pesar de los sinsabores y altibajos de la vida, cada uno podrá catalogar, en el mejor de los casos, de ejemplar y provechosa, según sus propias experiencias. Veamos:

1) Importa la vida. Cuando estemos viejos y nos preocupemos de aquellos detalles propios de la edad. Ante el inminente paso de la vida, con sabiduría debemos pensar, no importan los lentes, no importan las canas, importa la vida y vivirla con ganas. Ya no importa el tiempo que pasa y se va, importa estar vivo a cualquier edad. No importa tampoco la espalda encorvada, importa la vida y la miel cosechada. No importa ser lento y con piel arrugada, cuenta lo vivido y la lucha ganada. No importan los lentes, no importan las canas...

2) Ay, Señor bendito, gracias por el día, aunque el cuerpo cruje todavía camina, gracias por el café que quita la pereza y por esta panza llena de nobleza. Gracias por los amigos y las carcajadas, por las canas nuevas y las viejas payasadas. Si sigo de pie, aunque el reloj me acose, es porque tu gracia me tiene en goce. Llegó con sonrisa tu jubilación, ya puedes dormir y sin despertador, dejaste huella, trabajo y sudor, ahora madrugas, pero al televisor. La vida te dice relájate socio, que ya diste guerra y buen negocio. Ponle sabor a cada jornada, que ahora la agenda está desocupada. Comparte el cafecito con tus amigos, agradece el camino, la vida y la trama, que el que se jubila ya manda en la cama. Aunque tus ojos ya usen lentes, siguen curiosos, vivos, decentes. Las arrugas no asustan, marcan batallas bien trabajadas. Aférrate a encuentros sin tanto protocolo, que un buen amigo vale más que el oro. Un tinto en la tarde, risas y abrazos para rematar los lazos.

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