El pasado 22 de febrero se desató en México un infierno: del cielo llovían disparos, el caos reinaba y el temor se apoderaba de los civiles. Así pues, en un mundo en donde el consumismo está a la orden del día y una sociedad que nos enseña que hay que ir detrás del dinero, así sea a costa de la mediocridad, lo que pasó en el país de los tacos, de los cenotes y de una inmensa cultura, es también la prueba que así como el resto del mundo, y muy tristemente, nuestra juventud sigue sumergida en la ignorancia, obsesionada por el poder, que en este caso lo buscan por medio de las drogas, ese mal que desde hace mucho se está llevando en su gran mayoría a aquellos que deberían ser el futuro del mundo en general, pero es que en realidad el mismo sistema nos hace desear eso, en las redes sociales no se pega quien te quiere enseñar algo positivo.
Es probable que para muchos que han nacido envueltos en la miseria y con muchos deseos de no seguir viviendo esa vida, estudiar sirve de poco o nada pues no hay trabajo, pero sí hay drogas, tantas, que ajusta para los hijos de los ricos, para los pobres, para el profesional y para el albañil.
Así que de alguna manera todos aquellos que las consumen están dentro del ciclo de la ignorancia y el poder. También, cuando se tiene mucho poder y la mente está oscura porque en ella solo habita la ignorancia, mucho dinero y poco pensamiento crítico esa también es la droga que está haciéndole muy mal al mundo.
En conclusión, los tiempos actuales disfrazan mejor el mal, y lo que pasa en México puede pasar en cualquier parte del planeta. Latinoamérica enfrenta los mismos problemas, violencia, desempleo, falta de educación de calidad, de un buen sistema de salud y poco o nada se hace para evitar estos flagelos, no se puede rescatar lo que ya está perdido, hay males que simplemente lo mejor es evitarlos, para no seguir en lo mismo.