Palabra que nació en la antigua Grecia, pero que se volvió moda después de la caída del muro de Berlín.
Gracias al tiktoker de confianza, todos los hondureños nos sentimos expertos en política, aunque no entendamos nada.Curioso cómo democracia e hipocresía parecen hermanas. Avalamos dictaduras y rechazamos democracias según quién las encabece. Defendemos gobiernos neoliberales aunque no ganemos nada, solo porque el político de turno nos pide gritar #FUERALOSROJOS. Y lo peor: ni siquiera sabemos qué es el neoliberalismo.
Para algunos, son “libertades económicas” que supuestamente liberan al Estado. Pero para Don Ernesto, va más allá de una radiografía.
Lucía: -Don Ernesto, ¿cómo se siente después de que lo desalojaran sin aviso y le rompieran el brazo los antimotines?
-¡Libre, señorita! ¡Libre del desastre que sería si gobernaran los otros!
-¿No fue su propio gobierno el que privatizó su casa?
-Sí, pero aquí uno puede comprar Coca-Cola.
-¿Y puede comprarla?
-No... pero hay libertad.
-¿Y el hospital que cerraron?
-Eso es eficiencia. Si no puedo pagar, es culpa mía por no emprender.
-Bufón de la verdad: Claro, ¿quién necesita hospitales cuando tenemos Netflix y Coca-Cola?
Según Michel, no es ausencia del Estado, sino limitarlo. Y la hipocresía, esa sí abunda: los mismos que dejaron el país en ruinas ahora predican moral desde los púlpitos, olvidando el “levántate y anda”, pero recordando bien por quién no se debe votar.
La democracia no se viste cada cuatro años; se ejerce cada día.
Para no repetir el epitafio:“La democracia muere cuando el presidente que elegí no sale electo”.