Por Corey Kilgannon / The New York Times
En lo profundo del laberinto del Museo Americano de Historia Natural de Nueva York, más allá de los osos pardos de Alaska en el primer piso, hay una puerta cerrada. En ella, hay un pequeño letrero.
“Colonia de Insectos”.
Tras la puerta, accesible sólo a un puñado de empleados del museo, miles de escarabajos derméstidos carnívoros trabajan día y noche en una tarea de preparación de especímenes que ni siquiera los especialistas más capacitados del museo pueden realizar.
Comen la carne de los esqueletos de animales, dejando sólo los huesos limpios.
En vista de que muchos esqueletos son demasiado delicados para ser limpiados por manos humanas, el museo recurre a los empleados de seis patas para prepararlos para ser investigados y exhibidos.
La labor se lleva a cabo en tres cajas de madera gris del tamaño de baúles que albergan la colonia. Están revestidas de acero inoxidable y sus tapas abatibles revelan escarabajos que pululan sobre los restos de diversos animales pequeños, principalmente aves.
La sala está invadida del suave y crepitante sonido de roer. “Suena como algo puesto a freír”, dijo Rob Pascocello, quien cuida a la colonia.
Los escarabajos son lo suficientemente diminutos —de apenas unos milímetros de largo— como para poder introducirse en los recovecos de los animales más pequeños y mordisquear sin afectar las estructuras esqueléticas demasiado delicadas para ser limpiadas a mano. Scott Schaefer, quien supervisa la colección del museo de más de 30 millones de especímenes y objetos, añadió que el método de los escarabajos también es más bondadoso que hervir un espécimen o remojarlo en productos químicos o ácido.
Los funcionarios del museo afirman que la voraz colonia ha procesado la mayoría de los más de 30 mil especímenes de esqueletos de la colección de aves a lo largo de las décadas, además de innumerables otras formas de carroña. “Se meten en huecos pequeños y, si no se les controla, siguen comiendo hasta que no queda nada por comer”, dijo Schaefer.
Un día reciente, la colonia había reducido un flamenco rosado a un humilde montón de huesos. Un majestuoso búho nival quedó similarmente en huesos. Luego había un pequeño esqueleto en un recipiente, con huesos más pequeños que palillos de dientes. “Ese es un pájaro cantor”, dijo Pascocello.
Los escarabajos derméstidos son carroñeros que a menudo se encuentran en estado salvaje en cadáveres de animales, así como en nidos, telarañas y madrigueras de animales.
Paul Sweet, gerente de colección del departamento de ornitología, comentó que la colonia actual se ha mantenido autosuficiente durante sus 35 años en el museo, pero no pudo afirmar con certeza si eran descendientes de la colonia original traída de África en la década de 1930. Los escarabajos viven sólo unos seis meses.
Recientemente, Sweet buscaba limpiar un alcatraz norteño, un ave marina recuperada en una playa en Staten Island, NY. Los investigadores lo desollaron, lo secaron y le quitaron la mayor parte de la carne antes de entregarlo a la colonia.
En minutos, el cadáver fue invadido por un enjambre. Los escarabajos pueden dejar limpia a un ave pequeña en un par de días, pero pueden necesitar dos semanas para esqueletos más grandes como el alcatraz.
Pascocello una vez les sirvió un orangután a los escarabajos; Sweet una vez les dio un emú. Pero el tamaño de las cajas de los escarabajos es un factor. Los especímenes más grandes deben servirse por partes, como el cadáver de un cocodrilo cubano conocido como Fidel, obtenido del Zoológico del Bronx en el 2005.
Antes de que los esqueletos limpios sean guardados en cajas y catalogados, son remojados en agua y congelados varios días para matar cualquier escarabajo o huevo restante.
Una infestación de escarabajos en la colección de especímenes del museo sería desastrosa. Mantener a los escarabajos bien alimentados los disuade de alejarse, al igual que una tira de vaselina cerca de la parte superior de sus cajas y una sección de suelo pegajoso a lo largo de la puerta de la sala.
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